A PROPÓSITO DE El Ballet, una devoción (enfoques y precisiones), DE PEDRO SIMÓN

Marifé Santiago Bolaños,

Escritora, Profesora de Estética y Teoría de las Artes

(Instituto Universitario de la Danza “Alicia Alonso”,

Universidad Rey Juan Carlos-Madrid)

            Estar en julio en San Lorenzo de El Escorial significa gozar del privilegio de las noches de estrellas. Se puede disfrutar la belleza de estas noches en la contemplación de ese misterio de la luz, dejar que sea la luna la que guíe nuestros ojos, dejar que el tiempo tome decisiones que son un regalo y una sorpresa. Pero también se pueden contemplar las estrellas desde el aprendizaje del saber que cada una de ellas atesora, desde el símbolo y el valor que cada una porta; en tal caso, una noche de julio en San Lorenzo de El Escorial, es leer el cielo como se leen los poemas, entre el asombro y el agradecimiento.

            Asombro y agradecimiento es lo que todos nosotros sentimos por teneros hoy aquí. Asombro y agradecimiento porque una vez os contemplasteis expresando un saber que, quizás, ni siquiera erais conscientes de que poseíais: el saber de la Danza. Asombro y agradecimiento porque no os fue suficiente con ser felices viviendo esa experiencia, sino que quisisteis compartirla con otras personas que, como yo, no tenemos el don de las estrellas que danzan en las noches de verano de los lugares hermosos. Habéis, además, decidido aprender lo que significa cada signo que vuestra alma expresa a través de vuestro cuerpo. Habéis optado por compartir el misterio de las noches de julio con vuestros propios misterios. Y aquí estáis: en los cursos de verano de Danza, que el Instituto Universitario “Alicia Alonso” lleva desarrollando desde hace 22 años, más de los que tenéis vosotros. Llegáis con la humildad de quien sabe que le queda un gran viaje por hacer y deja que otros, que han recorrido algunos fragmentos más de ese camino, lo conduzcan. Traéis la maleta para la quincena llena de ilusiones que apenas dejan espacio para otras cosas. Estáis dispuestos a aprenderos todos los nombres de todas las estrellas de julio, y de llevaros la experiencia de la luz para iluminar con ella todos los rincones de vuestra biografía…

 

            Y el día de la inauguración de este momento de vital importancia en vuestras vidas, nos acompaña alguien que no está aquí pero que está con todos los que amamos la Danza como espectadores agradecidos o como bailarines más agradecidos aún. Es la maestra Alicia Alonso, sacerdotisa suprema de este culto a la Belleza que crea espacios de dignidad. Ha venido transformada en libro, este El Ballet, una devoción (enfoques y precisiones), que ha escrito una persona sabia, Pedro Simón. Lo ha escrito durante mucho tiempo, anotando con precisión experiencia e inquietud, intuiciones e investigación, muchas lecturas, muchas reflexiones, erudición y afán por desbrozar los senderos angostos que pudieran presentarse; y, sobre todo, no abandonando jamás la obligación de amor que le debemos a aquello y a aquellos que intentan hacer de nuestra vida algo digno y merecedor de la mejor memoria.

 

            Porque se puede ser seguidor. Pero también devoto. Y el devoto es quien va más allá de la estela dibujada por otros y tan solo la sigue: va dibujando él su propia estela manteniendo la anterior, vivificándola, haciéndola germinar y crecer.

 

            Pedro Simón vive “en” la danza. Eso le hace “enfocarla” desde la Poesía de la mano de los más grandes (un Lezama Lima, una Dulce Mª Loynaz…), desde la música o la pintura de la mano de los más grandes, iluminando con el enfoque rincones insospechados, aportando “precisiones” que poseen el más práctico y comprometido cariz pedagógico. Y llegar con todo ello a lo que de rito transformador la Danza posee, al plano ceremonial que constituye y la constituye, al espectáculo de unión que ese rito, que esa ceremonia propician. Con la delicadeza de quien quiere entregar un tesoro, la palabra de Pedro Simón bebe en las manifestaciones populares y a ella se da siempre, para que nadie se sienta excluido o soslayado. Y, al tiempo, eso popular, eso nacido del humus de la tierra de los seres humanos –de su espíritu, de su necesidad de volar-, se eleva hasta el lugar desde el que es posible extraer el poderoso talismán de un sueño, dialogar con él y hacerlo presencia y figura. No en vano escribe la filósofa María Zambrano que todo lo que los seres humanos quieren primero lo sueñan.

            Como sibila y maga, como maestra siempre, Alicia Alonso teje cada página convirtiendo este libro en una trama sutil y exquisita. Un tejido-texto en el que podemos aprender por qué su trabajo, su afán y su talento han dado lugar a ese ya Patrimonio de la Humanidad que es la Escuela cubana de Danza, tanto en lo que se refiere al Ballet Nacional de Cuba como al principio pedagógico que ya ha sembrado el mundo de sus mejores frutos. Y por qué lo que es patrimonio de la humanidad debe ser cuidado por todos con el esmero de lo indispensable. Ese tejido que abrigaría, con precisión y cariño, cualquier noche de estrellas de julio en San Lorenzo de El Escorial que es, ahora, el centro del mundo. De vuestro mundo.

 

            Me queda agradeceros de nuevo la elección que habéis hecho para pasar estas semanas de vuestro verano, contribuyendo así a la fundación de un jardín imaginado por la Dirección y el Profesorado del Instituto Universitario “Alicia Alonso” (que personalizo representando a todos en Alberto García Castaño, mi amigo el soñador, y en mi querido Luis Llerena), y por cuantos profesores y profesoras se han sumado a esta preciosa iniciativa que, insisto, cumple 22 años este 2014. Ahora ya, vuestro jardín, el que espera vuestro estilo y peculiaridad de flores únicas.

Hemos querido daros un regalo de bienvenida: este libro. Se ha encargado de que esté a punto para vuestra llegada nuestra indispensable Mayda Bustamante, quien con todo su equipo –dejadme que mencione a Liuba Cid representándolo- ha puesto en marcha este barco de soñadores que se llama Ediciones Cumbre. No puedo imaginar mejor modo de recibiros que entregándoos este libro guía: Pedro Simón, marinero mayor en este trayecto, sigue el canto de la mágica Alicia Alonso y…

Y, seguro, aprenderéis, como quienes ya hemos tenido el privilegio de perdernos entre sus páginas, el testimonio de todas y cada una de las estrellas que seáis capaces, este verano, de visitar. Permitidme concluir con unas palabras de Alicia Alonso que, vais a descubrirlo en seguida, estoy segura de que ha escrito, ahora mismo, para todas y todos los presentes:

Para Alicia Alonso, con el último acorde de la orquesta la representación no cesa. Es el momento en que se nos revela que el gran arte escénico también puede manifestarse en un simple saludo, cuando coinciden la potencialidad expresiva y el sentido teatral de excepción. Infinitas posibilidades contenidas en hechos mínimos, que dejan en el público la sensación de que el acontecer estético en que ha participado no concluye, sino que ha quedado pospuesto para abrirse a nuevas aventuras.

 

Adelante, entonces. Que seáis muy felices estos días, tan felices como cada vez que miráis a la Danza de frente y ella os sonríe quedándose a vuestro lado para que nunca os asuste la grandiosidad de la Belleza ni el porvenir. Lo sois porque la habitáis: Belleza presente abierta hacia el futuro que soñéis con ella y para ella. Como este libro indispensable.

 

San Lorenzo de El Escorial (Madrid),

julio de 2014

 

 

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BALLET Y BASTANTE MÁS, Por Amado del Pino / Artículo del crítico y especialista en Artes Escénicas Amado del Pino sobre el libro de PEDRO SIMÓN “El Ballet, una devoción”.

Hace mucho no tenía la sensación tan precisa de aprender leyendo un libro como me ha ocurrido con El ballet, una devoción (Enfoques y precisiones), de Pedro Simón.

En el grueso y hermoso tomo publicado por la madrileña Ediciones Cumbres se dan cita la sabiduría, el didactismo del bueno y ese raro equilibrio entre lo hondo y lo diáfano.

Simón junta textos de fuentes diversas. De particular cercanía me resultan los trabajos que partieron de la época en que el autor nutrió el espacio danzarlo de la emisora CMBF Radio Musical Nacional.

Tuve la suerte de trabajar ahí durante los años más duros del llamado Período Especial. A la vez que tecleaba sin tregua los guiones de Aquí, el teatro, respiraba esa atmósfera de rigor, alta cultura, sensibilidad que encontraba sitio en la escueta oficina de la redacción o en los estudios de grabación de los programas especializados.

Precisamente al autor del prólogo le saludé muchas veces e intercambiamos algunas palabras o comentarios por aquellos días en que, entre apagones y gordas carencias, seguíamos apostando por la memoria cultural.

José Ramón Neyra apunta en el prólogo al libro de Pedro Simón: “está destinado a convertirse en una nueva referencia para los especialistas, y una fuente a la que acudirán los estudiosos para documentarse sobre diversos temas que contiene, y que disfrutarán por su expresión elegante y concisa… En cuanto al público amante del ballet, será para muchos un libro de cabecera”.

Simón avanza con deleitosa y pedagógica serenidad por diversos temas de la práctica del ballet, los requisitos técnicos y artísticos que deben cumplir los intérpretes, la esencia de los estilos y las obras que mayor presencia tienen en el repertorio del Ballet Nacional de Cuba y en el de muchas otras compañías del mundo.

Aunque no abunda en citas o notas al pie, hay un manejo sólido y certero de la bibliografía esencial y el constante aporte de las experiencias prácticas y las menos conocidas reflexiones teóricas de la legendaria bailarina Alicia Alonso.

Sin pretender la exquisitez literaria en el lenguaje, la prosa del autor resulta clara, elegante y sobre todo de un ritmo sostenido que ayuda mucho a que vayamos asimilando el impresionante caudal informativo de estas páginas.
Solamente me molestó levemente alguna vez la repetición del adjetivo famoso. Aclaro que debe influir que en España –en los últimos años– es una palabra vinculada a lo más superficial de una idea del éxito.

Si Pedro Simón habla en el título de su devoción por el ballet y esa pertenencia queda clara de principio a fin, lo más notable tal vez de su libro radique en el diálogo que establece entre ese arte y zonas de la creación que le son cercanas.
El trabajo sobre Lecuona es una joya de síntesis, gracia y dinámica interna. Simón, antes de llegar a su tema central, nos ofrece un precioso retrato del proceso creativo y las formas de recepción de la obra del gran compositor y pianista cubano.
Otro aporte esencial está en las páginas que dedica a nuestro ya clásico escritor Lezama Lima y cómo nos lleva del conocimiento personal a la sensibilidad del autor de Paradiso hacia la danza.

Hay que agradecer a Mayda Bustamante y su equipo –ya son varios los títulos de Ediciones Cumbres acerca del arte del movimiento– por este libro resumen, esta noble y bien vertebrada suma de conocimiento y reflexión.