ALICIA ALONSO O LA ETERNIDAD DE GISELLE , de Mayda Bustamante (Madrid, Ediciones Cumbres, 2013) PALABRAS DE MARIFÉ SANTIAGO BOLAÑOS

ALICIA ALONSO O LA ETERNIDAD DE GISELLE , de Mayda Bustamante

(Madrid, Ediciones Cumbres, 2013)

 

Marifé Santiago Bolaños

 

            Empiezo por una tarde de septiembre. Es 2013. El Ballet Nacional de Cuba, de gira por España, estrena “Coppélia” en Madrid cuando se está celebrando, en todo el mundo, el 65 aniversario de la fundación de tan emblemática compañía de danza.

Entre el público, Alicia Alonso. Al entrar en la sala del brazo de su esposo, Pedro Simón, los espectadores se levantan, aplauden. El Arte y sus símbolos, cuando lo son verdaderamente, cuando traen su indicio y el profundo estado de las cosas que nacen, obra así. La ceremonia exige comenzar en pie y festejando la entrada de esa mujer, cuyo secreto se halla depositado en eso que el cuerpo anuncia y está más allá del cuerpo, en la imagen que la memoria retiene solo para sí cuando la belleza se adentra en el oscuro musgo de las cosas. El oscuro musgo de las cosas es la lenta y definitiva sedimentación de la semilla que es flor cuando los pies o los dedos de la mano obran el milagro de la suspensión del tiempo.

En esa tarde que menciono, en el lugar desde el que me sitúo rememorando sensaciones para tratar de escribir lo que ahora escribo, cuando la sacerdotisa Alicia Alonso tome asiento, cuando la luz se hace tenue anunciando la aparición de la vida, una voz informa de que el doctor Coppélius será interpretado, en tan especial ocasión, por el maestro Adolfo Roval. Me emociona el momento extendido desde mi espalda (noto la poderosa sombra de Alicia Alonso detrás) a mis ojos.

Los nombres tienen poder, como lo tiene el gesto cuando regresa de habitar el otro lado. El nombre, Adolfo Roval, que ese día cumple años, levanta el velo que cubre la semilla desde la que da comienzo el mundo, apenas la roza y ya respira, germina, se despierta de su aguardar el acontecimiento. A partir de aquí, todo lo que ocurre va a desarrollarse en el camino sólidamente transparente y cómplice que parte de Alicia Alonso y llega hasta Roval: un hilo sutilísimo que envuelve la forma de todos los que –agradezcámoselo a la suerte- nos hemos reunido allí esa tarde, desde el azar de una elección que acaso no lo sea más que en nuestra creencia. Digamos que la dulzura de ese hilo, como es propio de los hilos mistéricos de los que mitos y otros saberes dan testimonio, acaba enredándonos en experiencias compartidas donde se pone en cuestión cierta lógica insolvente para los asuntos del espíritu. Mientras que en el templo-escenario un científico soñador sueña con darle vida a un pedazo inerte de materia, y la juventud confunde el juego con el sueño, quienes asistimos al rito de tales delicados deseos también hemos suspendido, sin proponérnoslo quizás, el discurrir de las horas, la agenda de cada biografía, elevándonos y también hundiéndonos –por qué no aceptarlo- hasta y en lugares para los que la racionalidad vulgar no tiene planos, a pesar de que es en ellos donde empiezan todos los mapas que le darán sentido al universo.

 Una vez Alicia Alonso soñó este momento, lo entregó tras bailarlo. El momento retorna. El ovillo es de Alonso -señora de la miel y el laberinto como lo fue Ariadna- y lo devana el maestro Roval, que es un pedazo de historia en este día eterno. Bailarines y bailarinas se entregan a la consumación benévola del fuego capaz de desterrar a la vulgaridad yerma para darle cabida y palabra a la casa del hoy y del mañana. Es un fuego sagrado con el poder de marchitar el miedo y la desesperanza. En jornadas extremas como esta, la danza convoca los más hermosos fantasmas para que regresen a sellar años y placeres, genio, proyectos y flores. Los fantasmas acuden, disciplinados, invaden de sabiduría las butacas ocupadas por los espectadores, ceden su peso a nuestras manos y algo semejante a la savia de los árboles circula en el teatro.

 

Hay instantes que dan dignidad a la existencia, señalan rincones sucios y derrotan a la deshonestidad y el egoísmo. La Belleza, escribe el poeta Antonio Gamoneda, no es un lugar al que van a parar los cobardes… Tales instantes, como los regalos que se hacen con amor, no deben olvidarse nunca. Y para que eso sea un hecho han de quedar depositados en un libro.

 

Esa tarde, decía, hay un hilo mágico que se desliza alrededor de todos los corazones. Con tal clase de latidos ha escrito Mayda Bustamante Alicia Alonso o la eternidad de Giselle. No sé contarles de otro modo qué significan el rigor y el talento ofrecidos al magisterio y la amistad. No sé empezar más que narrándoles esta experiencia porque las páginas que ustedes gozarán, como las hemos gozado sus ya lectores, son parte de esa madeja que comenzaba en los dedos míticos de Alicia Alonso. Una vez, hace este 70 años, de nuevo una necesidad disfrazada, para no violentar, de coincidencia hizo que una muchacha cubana llena de luz y duende cambiara el curso de una historia subiéndose a un escenario para darle cuerpo y alma a la campesina Giselle. Fue tanto el respeto que su danza demostró a aquella joven ingenua engañada en el amor pero capaz, por amor precisamente, de ofrecer su perdón, que Giselle, como se ha dicho, ya nunca moriría porque allí estaba Alicia Alonso para impedirlo. El cuidado de Mayda Bustamante, como autora y como editora de Ediciones Cumbres, de este Alicia Alonso o la eternidad de Giselle, permite cercar ese instante inabarcable en el que se desencadena un proceso creativo que acabará, reitero, revelando la infinita posibilidad de los trayectos que conducen al claro del bosque donde una actitud puede cambiar el mundo, como escribiera María Zambrano.

 

Alicia Alonso se dejó ser Giselle, se hicieron ambas inseparables compañeras, hasta ser una sola. Recorren juntas, desde hace 70 años, la vasta extensión de la Tierra que, al final, tiene el tamaño del corazón poético. Alonso ha ayudado a Giselle a comprender ciertas mezquindades humanas sin renunciar a la justicia. Por eso es tan conmovedor verla bailar esa danza que, exhausta, la llevará a la muerte, desde donde salvará, sin embargo, a quienes aun creen estar vivos.

Alicia Alonso es más que una soberbia bailarina, más que un modelo mítico de voluntad y arrojo, más que una indiscutible maestra. Es la artífice de un modo de estar en el mundo al que llamamos “Ballet Nacional de Cuba”, una actitud, la Escuela Cubana, cuya aportación a la danza ha merecido, entre otros, el reconocimiento de UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Este libro ha querido contarlo, ha querido señalar, con una forma de estudio erudito que, verdaderamente, lo es, algo que atañe al pensamiento sintiente, a la razón poética: arte para vivir. Fotografías, críticas valiosísimas, estudios e investigaciones académicas, textos de una altura digna de sus autores; no sé, Dulce María Loynaz, Alejo Carpentier o… No, mejor lean el libro, sean parte de él, mézclense con los insignes partenaires de Alicia Alonso, observen sus cuerpos pensantes, recorran con las puntas de los dedos del alma estas páginas y guarden, después, el aroma en los bolsillos del corazón. Siéntense ante ese recorrido que contiene el DVD que el libro incluye. Sean viajeros en esta aventura que dio comienzo hace 70 años, cuando la sibila Alicia Alonso auguró a Giselle, recibió a Giselle por primera vez, fue recibida por Giselle… Todo eso está aquí, en este libro-tesoro al que no podemos más que desearle un día más que la eternidad.

 

Mis palabras comenzaban con el hilo exquisito que se tendía del pasado al porvenir con serenidad presente. Aquella muchachita cubana de asombroso talento recorría el hilo con la seguridad del funámbulo que, de tanto empeño, es premiado con alas de pájaro o de ángel. Hoy es la hermosa mujer que deja un rastro luminoso a su paso, como cuentan los relatos alegóricos que hacen las estrellas ante las que los poetas alzamos la cabeza en señal de agradecimiento.

Mayda Bustamante ha puesto profesionalidad y alegría a la disposición de cuantos amamos el ballet. También ha invitado, con la amabilidad de la anfitriona inteligente y sensible que es, a cuantos aun no tengan entre sus necesidades básicas e innegociables al Arte de la Belleza hacedora de forma en movimiento. Refiriéndose a su vinculación con Alicia Alonso dice:

 Los treinta y ochos años que me han unido a ella en lo profesional, sobre todo en lo humano, constituyen en mi existencia no solo un aprendizaje, sino también una inspiración.

 

Pides, Mayda, merecer ser considerada una buena discípula. Haber permitido el nacimiento de este libro lo manifiesta.

Acabo con las palabras de la autora de este libro en el mismo: mucha vida para la artista. Alicia Alonso: gracias por existir.

 

El Espinar, otoño de 2013

 

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Marifé Santiago Bolaños (Presentación en el Círculo de Bellas Artes, 28 de octubre de 2013)

SONETOS POR LA DANZA

Antología de Pedro Simón

(Madrid, Ediciones Cumbres, 2013)

 

Marifé Santiago Bolaños

(Presentación en el Círculo de Bellas Artes, 28 de octubre de 2013)

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            Hace ya el tiempo suficiente como para no precipitarme al usar la palabra “amigo” y, por lo tanto, pudiéndola decir con todo su valor y su grandeza, mi querido “amigo” Alberto García Castaño me presentaba a Alicia Alonso y Pedro Simón. Es otra de las muchas cosas que me ha regalado Alberto García, de esas que difícilmente se pueden compensar y agradecer del todo, salvo ejercitándote, cada día, en el respeto y la búsqueda de espacios creadores, precisamente, de fructífera amistad.

            Pongamos que en aquella ocasión fundacional estábamos en el desaparecido Teatro Albéniz madrileño, donde el Ballet Nacional de Cuba representaba, por ejemplo, El lago de los cisnes. Desde que tengo memoria de mí misma, he seguido en cita anual esperada las giras que el Ballet de Alicia Alonso realizaba en España. Aquí, para muchas personas de mi edad, el Ballet Nacional de Cuba ha resultado ser gozosa lección de carácter estético, lúdico aprendizaje y adicción. Una adicción terapéutica, de esas que te llevan a querer elegir siempre con criterio dónde está lo necesario y dónde lo prescindible, dónde está lo que da sentido al esfuerzo, dónde está la gloriosa incertidumbre que deviene, si no se la teme, intuición, certeza. Y, he aquí la clave fundamental, cómo se pone en marcha ese frágil y noble mecanismo ético que significa educar los sentimientos.

 

            Esa tarde, nueva y emocionante para mí, no solo gozaría del arte del ballet de nuevo, sino que comprobaría lo oído en tantas ocasiones: que viéndolo todo, sintiéndolo todo, dirigiéndolo todo, “sin ser notada” –como la amada que busca al esposo en el sublime verso de Juan de la Cruz-, estaba la presencia de Alicia Alonso, con quien cada encuentro que ha tenido lugar desde entonces ha sido, cómo no, una secreta sorpresa, que ahora comparto con ustedes, en la que descubrir matices ignorados de los que horadan la costumbre e inhabilitan sus imposiciones cuando lo son, proponiendo en su lugar un horizonte al que asomarse para beber en las aguas de la imaginación creadora, esa “forma sagrada de existencia”, como escribiera del Arte la filósofa María Zambrano, que halló en Cuba su simbólica “patria prenatal”.

 

            Y, ahora, después de entonces, mi estimado Pedro Simón, antólogo del libro que nos reúne,  le ha sugerido a Mayda Bustamante que sea yo quien se siente a su lado para hablar de esta nueva edición de Sonetos por la danza, dado ahora al mundo también por Ediciones Cumbres. Yo lo agradezco muy sinceramente. Nada de lo que hasta ahora he dicho está fuera de la obligación para la que se me ha requerido.

            Lo agradezco porque el ejercicio de erudición fértil que este libro significa prolonga un modo de entender la cultura pródigo en importantes consecuencias.

            Verán: un investigador internacionalmente reconocido como es Pedro Simón, no podía limitarse a algo, por otra parte, importante y valioso en sí mismo, como es la recopilación de versos que se han inspirado en la Danza o que a ella y a sus artífices se ha entregado. Sería ese un gesto de una exquisitez comparable a la flor que se entrega a la bailarina cuando la representación concluye. Este libro sería esa flor que corona y riega de agradecimiento su entrega.

            Pero, como les decía, si bien algo así sería un precioso regalo, que ya apetece hacerse comprando y disfrutando la lectura de este Sonetos por la danza, he de decirles que hay más. Hay una fidelidad a la palabra creadora de espacios habitables, que debe resaltarse. Hablo de la palabra del Poeta, la que legisla por primera vez  -ya en el decir platónico- la convivencia entre los seres humanos y a cada uno le otorga el don de su lugar y su voz, su diversidad en la diversidad, su peculiaridad indispensable.

            Ser fiel a lo que el poema ofrece exige un exhaustivo conocimiento literario, y un cultivado criterio para seleccionar entre las muchas especies de flores que hagan del ramo un regalo de mérito, para que nada desentone o afee la intención. Lo logra este libro que, como todo buen libro de versos, puede dejarse al gusto del viento en su lectura y abrirse, por lo tanto, por cualquier lugar pues tanto y tan sustancioso es el paisaje que apunta.

            Este libro es como esos recuerdos impagables que traemos de nuestros viajes, sean externos o sean viajes interiores: regalo lleno de memorias que cuando vuelven a contemplarse llenan la boca de sonrisa.

            Permítanme que lea el soneto que Carilda Oliver Labra le dedica a los personajes a los que Alicia Alonso da vida; es uno de los poemas de esta antología de Pedro Simón, y, como les decía, valiéndome de la máxima del poeta Luis Pimentel, extremado admirador del arte de la danza, por cierto, he dejado al viento la responsabilidad de elegir el poema:

 

Viene desde otras nubes: triste y alta.

Vuela como quien baila, sin trabajo.

Es muy pequeño el mundo de aquí abajo:

se muda para el aire que le falta.

 

¿Velo, mujer, asombro, golondrina

o dibujo de luz mágica cuando

con ala sorprendente va pasando

por el cielo que el cielo se imagina?

 

Se morirá de todo lo que es ella;

herida por la flor o por la estrella.

Blandamente, del sueño donde asoma

 

ha de fugarse al fin, total y leve

como sube hacia el tiempo la paloma

o se acaba un amor que da en la nieve…

 

            Pedro Simón: gracias por haberte acordado de nosotros en tu viaje. Nos gusta mucho tu regalo.

El Espinar, octubre de 2013