ARTÍCULO PUBLICADO EN LA REVISTA ÉTER. Revista especializada en Danza.

28.09.13

Con motivo del 70 Aniversario de debut de Alicia Alonso en Giselle, Mayda Bustamante, ha presentado un libro homenaje, “Alicia Alonso o la eternidad de Giselle”.

El libro es una recopilación de opiniones sobre Alicia, considerada como la bailarina más extraordinaria en la historia del ballet en el siglo XX.

El libro se divide en varias partes:

Dos aproximaciones para un ballet.
Se trata de dos textos ya publicados anteriormente: Acerca del Ballet “Giselle” de Roger Salas, y Giselle de Jorge Antonio González.

Bailar ha sido vivir.
Habla Alicia Alonso y se recogen sus opiniones sobre Giselle; fragmentos de una entrevista publicada en la sección Artes y Letras del periódico El Mercurio de Léster Tomé; las palabras de Alicia en el documental Giselle eres tú de Roberto Ferguson (1988), y Pas de Seul Alicia, resumen de la entrevista publicada en Resumen Semanal (Granma, año 17, número 3, 17 de enero 1982)

Alicia Alonso-Giselle
En 1980, por Pedro Simón.

Como un rayo de luz o Como hubiera querido verla Théophile Gautier.
La opinión de sus contemporáneos y la crítica especializada.

Un cronología de Alicia Alonso titulado El largo vuelo de Alicia Alonso y multitud de fotos completan el libro.

Mi opinión

Mi opinión sobre este libro no puede ser más positiva.
A partir de ahora cuando asista a un teatro para ver la obra “Giselle” lo haré con otros ojos.

El libro, “Alicia Alonso o la eternidad de Giselle”, engancha en su lectura y se lee de un tirón. Bueno, de dos tirones. Tras el documentado y erudito aporte del maestro Roger Salas, vais a necesitar un respiro para asimilar tanta y tan detallada información antes de continuar.

Pero luego, enseguida, volveréis a centraros en el contenido del libro. Las palabras de Alicia Alonso, los que hemos tenido oportunidad de oírla en directo debemos leer esta parte imaginando su acento, nos van a transportar a compañías ya desaparecidas, teatros míticos, escenarios diversos… leeremos sobre grandes bailarines y bailarinas, muchos de cuyos nombres nos sonarán, y llegaremos a sospechar qué es lo que ocurre en el teatro cuando el telón aún no se ha levantado o cuando ya ha caido tras los aplausos del público. Las palabras de Alicia Alonso nos van a permitir vivir otras épocas.

Os va a gustar como cuenta Alicia Alonso la creación de su Giselle, lo detallado de sus explicaciones sobre los cambios, añadidos, eliminaciones y mejoras que fue haciendo en la obra. La eliminación del “Pas de Paysan” y sus motivos, la importancia de la mímica, como cambiar el sentimiento de un baile sin modificar la coreografía… tantos detalles que, como yo, volveréis al comienzo de esta parte del libro para leerla dos y más veces.

Además en el libro vais a leer multitud de críticas, opiniones y artículos de grandes conocedores del ballet. Esto es muy enriquecedor no sólo para los bailarines sino también para los aficionados que amamos el ballet.

Y, por supuesto, las fotos. Maravillosas y cargadas de historia.

Voy a recomendar la lectura de este libro sin dudarlo un segundo. Creo sinceramente que cualquier bailarina que quiera hacer el papel de Giselle o, incluso, el de una sencilla Willi, debería tenerlo como libro de cabecera.

ALICIA ALONSO o LA ETERNIDAD de GISELLE
MAYDA BUSTAMANTE

Edición: EDICIONES CUMBRES. CUADERNOS TERPSICORE
Coordinación editorial: Liuba Cid
Primera Edición, septiembre 2013
páginas. 273
Foto Cubierta: Jorge Valiente
Fotos: Col. Museo Nacional de Danza (La Habana, Cuba)

Venta Online

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ARTICULO DE NUESTRA COLABORADORA MILENA GONZÁLEZ SOBRE LA PRESENTACIÓN EN LOS TEATROS DEL CANAL DEL LIBRO DE MAYDA BUSTAMANTE “ALICIA O LA ETERNIDAD DE GIELLE”

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La Sala Verde de los Teatros del Canal acogió esta tarde a numerosos invitados, jóvenes estudiantes, bailarines, amigos… que asistieron a la presentación en Madrid del libro ALICIA ALONSO O LA ETERNIDAD DE GISELLE, de Mayda Bustamante, que estuvo arropada por Alberto García Castaño, Orlando Salgado y Marta García. Detrás, una pantalla nos traía al escenario el rostro de Alicia, la gran ausente presente.
Más de dos décadas lleva la autora, Mayda Bustamante, viviendo en Madrid, después de dedicar otras casi dos décadas a trabajar en el BALLET NACIONAL DE CUBA. Quizá esas pesadas cifras hacían que esta presentación en concreto fuera tan íntimamente importante para ella. Reunía allí a sus grandes amigos, familia, y rendía personal homenaje a Alicia, una vez más.
Poco antes de la salida a escena una llamada anunció que Alicia no podría acompañarnos y desde ese momento la presentación cobró otro matiz, si cabe más hondo, más callado, menos festivo e inmensamente más emotivo. Esas cosas tienen los grandes seres; lo llenan todo cuando están y cuando faltan, su presencia es capaz de inundar el lugar.
Alberto García, director del Instituto Universitario Alicia Alonso de la Universidad Rey Juan Carlos, hizo razonada explicación de la importancia de esta publicación y adornó su discurso con personales anécdotas de su primera visión de Giselle encarnada en Alicia.
La autora prefirió leer su propio prólogo, pensando que así le sería más fácil resumir el libro. ¡Larga vida a la artista!, dice el final del texto y ahí la emoción la venció. Y se le cortó la voz, y los aplausos desde las butacas fulminaron el silencio de su angustia. Terminó de leer a duras penas y dio paso a Marta García, una mujer siempre sensata, toda bondad y paz. Marta habló de Alicia, de su voluntad de acero, y de la importancia de poder transmitir a las nuevas descendencias algo de lo que tanto ella como otras generaciones habían vivido al lado de Alicia como bailarina y maestra, siempre al frente de la emblemática compañía. Como si Alicia fuera un asteroide que al estallar en el espacio, se difuminara en pequeñísimas estrellas brillantes que fueran a parar al corazón y al temple de todos los bailarines futuros, que su escuela cree escuela para que permanezca la grandeza y el saber danzar.
Después que habló Salgado, por años partener de la Prima Ballerina Assoluta, se proyectó un vídeo de varias memorables actuaciones de Alicia en Giselle. Y terminó la presentación, como termina la vida misma. Y allí quedó la autora del libro, emocionada, haciéndose fotos, firmando dedicatorias, con el alma sobrecogida en su pequeñísima estatura.
Dijo Alberto García durante su intervención que le gustaría que ALICIA ALONSO O LA ETERNIDAD DE GISELLE se convirtiese en el libro de cabecera de los estudiantes de ballet allí presentes, que fuera una referencia, un bastón en momentos donde les quebrara la fuerza. Puede que ese sea uno de los méritos del libro, más allá de recoger testimonios sobre el esplendor de Alicia como la mejor y más excepcional Giselle de la historia. Pero este libro tiene una cualidad escondida y para mí fundamental: este título ancla de por vida el nombre de dos grandes mujeres, dos grandes amigas: Alicia Alonso y Mayda Bustamante. Cuando nos venga el futuro, ahí estará ALICIA O LA ETERNIDAD DE GISELLE, y LA ETERNIDAD DEL AMOR.

ENTREVISTA A MAYDA BUSTAMANTE, AUTORA DEL LIBRO “ALICIA ALONSO O LA ETERNIDAD DE GISELLE”/ Revista Eter

21.09.13

Nos reunimos con Mayda Bustamante en la terraza de la cafetería de los Teatros del Canal. En unas horas, el Ballet Nacional de Cuba estrenará allí su “Coppelia”, retomando la tradición de aquellas memorables temporadas de los septiembres madrileños. Mayda no se sube al escenario, y sin embargo es imprescindible. Ella habita dentro del aura mágica de lo que no se ve, y va de la mano de ese misterioso duende que posibilita que el telón se levante de nuevo. Mujer de dos mundos, mitad española y mitad cubana, encuentra su verdadera patria en la belleza del arte y en su incesante empeño en trabajar por la cultura desde diversos frentes. Entre sus numerosos cargos, destaca su labor como directora de Arte y Promociones Artísticas, así como su reciente actividad dirigiendo la Editorial Cumbres.

Bajo su dulce sonrisa se esconde una mujer culta e inteligente que lucha incansablemente por lo que ama. Me muestra ilusionada el libro que termina de publicar: “Alicia Alonso o la eternidad de Giselle”. Es una edición muy cuidada, con la que se conmemora el 70 aniversario del debut de la gran Alicia como Giselle. Es un título de los que hacen historia, una historia que narra un hito en la evolución del ballet clásico del siglo XX, y que no debe faltar en las bibliotecas de los aficionados a la danza.

-¿Cómo te definirías?

-No sé si me definiré bien, pues me considero más una mujer de trabajo que de palabras. Una mujer de acción, de proyectos, de sueños… Y aunque parezca mentira, soy un poco tímida. (ríe)

-¿Desde cuándo comienza tu relación con el Ballet Nacional de Cuba?

-Empecé muy joven. Allá por el año 61 se hacía la primera prueba después de la revolución cubana para que las niñas entrasen en la escuela de ballet. Y me seleccionaron. Tenía gran flexibilidad, extensiones… Pero al año de empezar lo dejé, pues para ser artista hacen falta además otras condiciones que yo no poseía.

-¿No has sido bailarina?

-No, pero algo desde aquella experiencia me marcó. Hice otras cosas, y acabé casi en mi origen.

-Cuéntame como llegaste a ser nada menos que Vicepresidenta del Gran Teatro de la Habana, y has llevado la dirección de comunicaciones y relaciones públicas del BNC, participado en la organización de ocho ediciones del Festival Internacional de Ballet de la Habana… Y un montón de cargos y distinciones más que leo en la contraportada de tu libro.

-Verás, yo me licencié en lengua y literatura hispánica por la Universidad de la Habana, y empecé a trabajar el año 75 en el Consejo Nacional de Cultura. Mi actividad consistía fundamentalmente en escribir los textos de las actividades culturales, entre ellas naturalmente, las de ballet. Un día sucedió algo que cambió mi vida.

-¿Qué pasó?

-Alicia Alonso se interesó por lo que escribía, y quiso saber quién era esa muchacha que se ocupaba de divulgar las actividades del ballet. Entonces me citó. Yo era tan joven y estaba tan impresionada de verla allí frente a mí.. Casi ni me lo creía, cuando me preguntó: “¿Quiere usted trabajar en el Ballet Nacional de Cuba?”. Nunca podré olvidar aquel momento.

-¿Cuánto tiempo estuviste trabajando en el BNC?

-17 años.

-¿Por qué dejaste todo y te viniste a España?

-Fue en el año 92. Mi padre era español, malagueño, y mi madre, hija de españoles, como casi todos los cubanos. Tuve que empezar de nuevo. Fueron años dificilísimos.

-Imagino lo duro que sería…

-Sí, porque te enfrentas a multitud de problemas, como el precio de los pisos. Al llegar no tienes ni dónde vivir. Luche partiendo de cero y creé una productora de espectáculos.

Yo venía de otro lugar, y aquí nadie te conoce y los que te conocen te olvidan cuando las circunstancias cambian…

-Pero, ¿Por qué te tuviste que marchar?

-Mira, no quiero hablar de lo malo, no me gusta detenerme en lo triste. Y ¿Sabes? Esto es algo que aprendí de Alicia, que es siempre tan positiva.

La he oído tantas veces decir: “yo tengo mucha capacidad para olvidar.. Por eso prefiero quedarme con lo bueno”. Seguí su sabio consejo. Olvidé, seguí hacia adelante y solo volví la vista atrás para recordar lo bueno.

-Alicia me parece una mujer con tanto carisma… Nada más aparece en la sala de prensa, se hace un silencio, y todos los ojos se posan sobre ella. Poquísimas personas poseen un magnetismo tan especial.

-No existe en la historia de la danza otra persona que haya sido Prima Ballerina Assoluta, coreógrafa (ha revisado todas las versiones de los grandes clásicos y creado sus propias obras), es la artífice de la escuela de ballet cubana y ha dirigido el BCN desde hace 40 años… No existe en la historia una figura de la danza que haya conseguido todo esto. Ella es un fenómeno único.

-Sí, es increíble. Y lo que sucede con los grandes, que unos opinan esto, otros lo otro, unos critican y hasta le preguntan por temas políticos. Yo lo considero una falta de respeto. Un artista es un artista y es por su arte por lo que debe evaluarse.

– Alicia es un genio, y los genios son difíciles de entender por parte de los mortales. Ella es comparable con Beethoven, que aunque era sordo, componía, o con Degas, que aun siendo ciego, pintaba…

Te confieso que el privilegio más grande de mi vida es mi cercanía con Alicia. Ella ha inspirado cualquier acto de mi existencia. Y mantenemos el mismo afecto ahora, que antes de irme de Cuba.

-Actualmente, tu productora Arte y Promociones Artísticas es una de las más importantes, y ahora ha organizado esta gira del BNC, con 31 funciones por España.

-También nos ocupamos de la distribución de la compañía en parte de Europa y América Latina.

-¿Y tu labor editorial?

-Ediciones Cumbres, surgió con el pretexto de un montaje nuevo de Alicia, el “Narciso”. Roger Salas quiso escribir un ensayo sobre el tema, y no se limitó a hacerlo sobre el ballet, sino que efectuó un estudio exhaustivo de las raíces artísticas del mito y del proceso creativo. Desde entonces, ya tenemos 4 títulos publicados. Y éste que te muestro ahora, es la joya de la corona. Conmemora el 70 aniversario de debut de Alicia Alonso en “Giselle”.

-¿Podrías destacar la importancia histórica de Alicia como bailarina?

-En una época en que a todas las bailarinas les rusificaban el nombre, ella se negó y mantuvo su nombre hispano. Alicia es la primera bailarina latina en irrumpir como tal en el mundo de ballet a escala mundial.

-¿Cómo fue la primera vez que Alicia Alonso bailó “Giselle”?

-Fue el 2 de noviembre de 1943, en el Met de NY. Ella era solista.

-Y alguien enfermó y dio la oportunidad a una bailarina entonces desconocida…

-Sí. Nada menos que Alicia Markova tenía que bailarlo y no pudo. Nadie se atrevía a hacer el papel, pero la joven Alicia Alonso aceptó el reto. Ese día obtuvo sus primeras y grandes críticas.

El libro es como un cuento real, la realidad posee los tintes de la leyenda: el primer papel de la bailarina desconocida sustituyendo a la más grande.

Y cuando termina de bailar, sus zapatillas están ensangrentadas por el esfuerzo. Entonces, entró un hombre en el camerino, cogió las zapatillas y dijo: “esto es para la historia”. !Nunca más se supo nada de este señor! Nadie volvió verlo, ni se supo jamás quién era, ni lo que hizo con las zapatillas…

En el año 46, Alicia ya encabezaba los elencos de “Giselle” como primera figura. Ha sido considerada la Giselle más importante del siglo XX.

-¿Por qué crees que es su papel, cuando Alicia ha bailado magníficamente todos los grandes roles?

-Giselle es el papel que a ella más le ha interesado. Pienso que se debe al dramatismo del personaje. Ella se sensibiliza totalmente con la vertiente poético-dramática que entraña. Nadie ha hecho como ella la escena de la locura.

-Yo siempre opino que el papel que posibilita un registro más amplio para las facultades expresivas de una actriz, es el de loca.

-Alicia no sólo interpretó su Giselle con grandes dotes actorales, también desde el punto de vista técnico es mítica la rapidez de sus entrechats del segundo acto de “Giselle”.

-Además, Alicia Alonso ha bailado el papel durante muchos años, ¿Cuándo dejó de hacer “Giselle”?

-No existe una bailarina más longeva. Ella lo baila en el 43, y luego conmemora varias décadas más, en el 53, el 63, el 73… Hasta el 92, que fue la última vez.

-Dime algún momento cumbre de la “relación” Alicia-Giselle.

-Yo creo que hay un hito, y es cuando desde París, cuna de “Giselle”, le piden a Alicia que monte su versión coreográfica.

-Y de todas las veces que lo ha interpretado, ¿Cuál podría considerarse la mejor?

-Es muy difícil opinar. Hay una de los años 60, cuando lo bailó con Vasiliev sobre la que Pedro Simón ha escribió un libro, que fue una representación sublime.

-El día 2 de noviembre, que es justamente la fecha del 70 aniversario de su primera interpretación del papel, el BNC está en España, ¿Hay una función especial?

-Sí, lo celebraremos con “Giselle” en el Teatro de la Maestranza de Sevilla. Pondremos un documental sobre los momentos más emblemáticos de Alicia en en papel. Será emocionante.

-¿Estás contenta con el libro?

-Me siento muy honrada de haberlo escrito y preparado. Es la más amplia recopilación sobre “Giselle”. Es un libro para los estudiosos, no habrá otro libro tan completo. Escribir un libro sobre una artista en un solo personaje es algo que no se puede hacer sobre casi ningún artista. Y es que ella, Alicia, es Giselle.

-¿Ser editor sigue siendo un negocio hoy en día?

-No, mi editorial no es un negocio, solo aspiro a recuperar gastos para poder editar otro titulo. Lo hago por placer.

-¿Cómo ves la situación actual de la cultura en España?

-Yo tengo el corazón dividido entre Cuba y España, soy mitad y mitad, por eso no te hablo como extranjera. Me produce dolor que un país con esta historia tan espectacular, este patrimonio único… Un país que tiene en literatura a Cervantes, el Siglo de Oro, y tantos y tantos… España es, sin lugar a dudas, uno de los países con un acervo cultural y artístico más rico. ¿Y cómo es posible que desde las altas instancias del poder no se respete más, que no se saque partido de este grandísimo privilegio? España debía exportar cultura y atraer el turismo cultural como uno de los destinos más importantes. Lo que tiene España no lo tiene casi ningún país del mundo.

-¿Os afecta la crisis a los promotores culturales? ¿Y el IVA?

-Es muy duro, es casi de vergüenza lo que sucede. La oferta cultural se ha empobrecido mucho el último año. La subida del IVA ha sido brutal para nosotros. Si a ésto añadimos que la gente, a consecuencia de la crisis, acude menos al teatro; y encima tienes que pagar el 21% de IVA, el 10 % a autores… Entre unas cosas y otras te queda un 30% para pagar gastos y poder obtener un beneficio. Es una barbaridad. Mira, por ejemplo, la cantidad de cómicos que se programan, son producciones con una sola persona, y se hacen a fin de poder abaratar costes. Es muy complicado hacer una programación estable de calidad. Nosotros nos arriesgamos. Aquí en el Canal vamos a taquilla, arriesgamos nuestro propio dinero, pero cada vez se resiente todo más. ¿Cómo estamos educando al público y a la nuevas generaciones en el país de Cervantes, de Velázquez…? ¿Qué calidad ofrecen nuestros escenarios?

José Martí, un pensador cubano dijo: “ser cultos para ser libres”.

Arthur Mitchell (Mis retratos del verano: y 13)

Por: Roger Salas | 19 de septiembre de 2013

Arthur.mitchell2 Arthur Mitchell (New York, 1934) en su tiempo fue una estrella negra en un ballet de blancos, el New York City Ballet, y a quien Balanchine distinguió con varios papeles a su medida (desde “Sueño de una noche de verano” -1962, donde creó Puck- a “Agon” -1967). Mitchell llegó a fundar junto a Karel Shook el Harlem Ballet en 1968, una compañía reivindicativa de bailarines de ballet negros y mestizos y donde había simbólicamente uno o dos bailarines blancos (lo que fue criticado en su tiempo y no entendido como un símbolo de integración social). Entre los años 1982 y 1984 pusieron en pie la “Giselle Creole”, que se desarrollaba en la época poscolonial (1841, el mismo año del estreno parisino de la versión original “blanca”) y donde hay esclavos, libertos, “aristócratas de piel oscura”, sureños… Giselle Lanaux (así fue bautizado el personaje) fue bailada en el registro videográfico de 1988 por Virginia Jhonson y el Albrecht (apellidado Monet-Cloutier) por Eddie J. Shellman. Frederic Franklin remontó la obra con esmero y la producción se fue a grabar tan lejos como a Dinamarca en los estudios de Arhus. Antes, el estreno de 1984 fue en el London Coliseum. Por esta ‘premiere’ Mitchell y el Harlem Ballet recibieron el primer galardón que recibía una compañía de ballet norteamericana en el Reino Unido: el Lawrence Oliver Award, el mismo premio que la estrella negra cubana del ballet Carlos Acosta recibió exactamente 20 años después en 2004. A día de hoy, la deuda del ballet con los bailarines y las bailarinas negros no está ni de lejos saldada. Un caso importante y a tener en cuenta es el de la norteamericana Raven Wilkinson (1935) miembro del Ballet Russe de Monte Carlo en su última etapa norteamericana. Wilkinson comenzó a estudiar ballet a los 9 años después de ser rechazada de varias escuelas por el color de su piel tanto en Chicago como en Nueva York hasta que Sergei Denham la admite en el aula de Vecheslov Swoboda. En 1954 Raven es una adolescente de 14 años dotadísima para el ballet y que, como todos los de su raza (con muy pocas excepciones) posee musicalidad, ritmo y un oído excepcional. Así obtiene un contrato, siendo la primera afronorteamericana que forma parte de una compañía de ballet clásico; también fue la primera negra que bailó un papel solista (el primer vals) en “Las sílfides” de Fokin. Permaneció seis años con la compañía y fue compañera de habitación en aquellas legendarias giras de Eleanor D’Antuono, que lo refiere en sus memorias. También está reseñado en el filme documental de Dayna Goldfine y Dan Geller “Ballets Russes” (2005) lo sucedido en Montgomery (Alabama) cuando la compañía llegó de gira y el KKK armó una bronca porque estaba una negra en la escena. Fue a gritos, pero la función siguió y Raven bailó. Aquello resultó traumático, y finalmente en 1967 se traslada a Ámsterdam, donde forma parte enseguida del Ballet Nacional de Holanda y donde acabó su carrera de bailarina activa. Raven Wilkinson ha contado cómo se tenía que aprender todos los papeles antes que las otras para competir por un puesto para salir a escena, y que se inspiraba “en las mayores” siguiendo su trabajo a hurtadillas y espiándolas, especialmente a una virtuosa que ocasionalmente pisaba la compañía: Alicia Alonso; la limpieza en la ejecución de Alonso fue un ejemplo para Wilkinson, que se propuso bailar académicamente con todo el rigor posible. Recientemente Benjamin Millepied (futuro director del Ballet de la Ópera de París) se preguntaba a sí mismo en una entrevista por qué no había negros en la Ópera. La única compañía académica que poco más que tímidamente ha asumido esta diversidad es el Ballet Nacional de Cuba. Antes de Acosta, es de rigor recordar a Andrés Williams y a Julio Arozarena (está en el Béjart Ballet Lausana); a Caridad Martínez y a Dagmara Brown entre otros cubanos como el muy brillante Osiel Gounod (hoy en el Real Ballet de Oslo). En Norteamérica se dio un género de danza en ballet que empieza en 1940 cuando Agnes de Mille (que nació en Harlem, NY) hace su primera creación (fue para Ballet Theatre): “Black Ritual”, siendo la primera coreógrafa blanca que hizo un ballet sólo para bailarines negros (lo bailaba el llamado “black dance group”, y hay anécdotas gloriosas: cuando faltaba una bailarina negra, Margarite de Anguerro se pintaba la cara y las manos). Pero el neoyorkino Arthur Mitchell es el héroe de cabecera, y por descontado, Katherine Dunham, una pionera en toda regla. También entre 1948 y 1950 un bailarín de piel oscura fue un héroe en Nueva York: Nicholas Magallanes (el Orphée balanchiniano). Otros bailarines negros de hace décadas son Christopher Boatwright (inolvidable en “Le sacre du printemps” de Glen Tetley); o Clive Thomson (que fuera partenaire de la gran dama negra: Judith Jamison, a quien John Neumeier creó un papel protagónico en “La leyenda de José” en la Ópera de Viena -1977). Maurice Béjart llegó a fundar su escuela Mudra Africa (1977-1985) en Dakar; y su estela hoy continúa en figuras dinámicas como Germaine Acogny. ¿Qué falso prurito o prejuicio de purismo hace que se intente dejar a estos artistas en el terreno de lo exótico? En Brasil, una reciente convocatoria del Teatro Municipal de Río de Janeiro especificaba en su convocatoria de audiciones para músicos y bailarines que reservaba un 5% para personas con deficiencias y un 20% para negros e indios. No estoy seguro de que ese concepto de cuotas sea un avance real. Es precisamente el coreógrafo negro Alvin Ailey quien aportó al ballet piezas como el legendario “Pas de Duke”, que estrenaron Jamison y Mijail Barishnikov, o “The river”, que fue bailado por Natalia Makarova y Erick Brhun, por Cinthia Gregory y por Ivan Nagy, entre otros. La sobrecogedora elocuencia de estas obras operaban el que las coreografías del artista creador negro fueran asimiladas por los intérpretes blancos. Eso es lo natural. La fotografía de Carl Van Vechten es de 1955 y procede de The Granger Collection (AGE Fotostock).