Trilogía: Alicia Alonso por Francisco Garzón Céspedes. Poemas Publicados en “Los Cuadernos de las Gaviotas”. Nº 90

ALICIA ALONSO

Mujer,
cómo alguien puede
con un gesto
sobrevolar gaviotas.
Cómo alguien puede
ser cuerpo de fuego
y agua
cómo alguien puede
ser pozo contenido
y corriente desbordada
cómo alguien puede
ser relámpago
y estruendo
ser tensa cuerda
y cielo despejado
ser luz estremecida
y gozo de la luz.

Mujer,
cómo alguien puede
con un gesto
sobrevolar gaviotas.
Tú despiertas amor
y amorosamente
la danza comienza
con tus pasos.

ALICIA LA LUZ

El cuerpo de las sombras le sobreviene distante a la bailarina.
Es la luz su estatura: Sólo lo luminoso le es próximo.
Sólo, aún si las iluminaciones refulgieran desde fantasmas transparentes.
La luz, que no las sombras, entrega los rostros que son del amor.
Para el amor. El amor en sí tan inmortal.
La luz, que no las sombras, orquesta la danza del ser y del sentir.
La luz, que no las sombras, del estar y la razón.
La luz, que no las sombras:
Ah, la luz, la intangible que se perpetúa renacida en la bailarina.

ALICIA VESTIDA DE ROJO

El rojo presupone no sólo fuego en movimiento, pasión.
Es por igual compromiso, protección, génesis.
Testimonio de inmortalidad.
Así del amor sus lumbres nacidas del arropar, del querer.
Renacidas del crear, del danzar, del fundar, del dar forma.
Del compartir alientos.
E irradiarlos.
La danza es ese rojo
desde donde deviene el eco de la luz.
Humanidad de baile.

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ALICIA ALONSO, GENIO DE LA HUMANIDAD, DISTINCIÓN EXTRAORDINARIA POR LA ORALIDAD 2012

CÁTEDRA IBEROAMERICANA ITINERANTE
DE NARRACIÓN ORAL ESCÉNICA

Boletín de prensa

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ALICIA ALONSO:
GENIO DE LA HUMANIDAD / GENIO DE LA DANZA
DISTINCIÓN EXTRAORDINARIA
POR LA ORALIDAD
DIPLOMA MEDALLA AL MÉRITO 2012

Alicia Alonso, la Prima Ballerina Assoluta y Directora del Ballet Nacional de Cuba, coincidiendo con su 92 natalicio el 21 de Diciembre, ha sido galardonada con la Distinción Extraordinaria por la Oralidad / Diploma Medalla al Mérito 2012, que otorga la institución más prestigiosa en términos de oralidad artística -con sedes en Madrid y México D. F. y Delegaciones y eventos en países de América y Europa–: la Cátedra Iberoamericana Itinerante de Narración Oral Escénica (CIINOE), fundada por Francisco Garzón Céspedes (Cuba/España), que en el Acta Oficial ha calificado a la personalidad premiada como “Genio de la Humanidad / Genio de la Danza”.

En Madrid, La Habana y México D. F. fue convocado el Jurado integrado (en orden alfabético de países) por los Académicos de la Lengua: Maruja Vieira White (Colombia) y Daniel Gallegos Troyo (Costa Rica); por la Directora General de Arte Promociones Artísticas de España: Mayda Bustamante Fontes; y el Director General de la Cátedra (CIINOE): Francisco Garzón Céspedes, los dos de Cuba/España; por el Delegado de la CIINOE: Fernando Rodríguez Sosa (Cuba); por la Directora del Centro de Documentación de las Artes de los Títeres de Bilbao (CDTB) y el Festival Internacional de Títeres de Bilbao (FIB): Concha de la Casa (España); por la Asesora General y el Director Ejecutivo de la CIINOE, respectivamente María Amada Heras Herrera y José Víctor Martínez Gil, los dos de México, para otorgar la Distinción por primera vez con la Condición de Extraordinaria.

Esta Distinción que, desde el 2006, se otorga anualmente a personalidades de distintos ámbitos, relacionadas con la narración oral artística o que hayan apoyado decisivamente al Movimiento Iberoamericano de Narración Oral Escénica y a la oralidad toda, consigna en su presente Acta:

“El Jurado ha decidido otorgar con la Condición de Extraordinaria la Distinción por la Oralidad: Diploma Medalla al Mérito en la oralidad 2012, según palabras de Francisco Garzón Céspedes, Director General de la CIINOE, a un “GENIO DE LA HUMANIDAD / GENIO DE LA DANZA”:

“POR SU EXCEPCIONAL CONTRIBUCIÓN AL DESARROLLO DE LA CULTURA, EL ARTE, LA ORALIDAD, LA COMUNICACIÓN Y EL MEJORAMIENTO HUMANO, Y, MUY ESPECIALMENTE, POR SUS APORTES AL MOVIMIENTO IBEROAMERICANO DE NARRACIÓN ORAL ESCÉNICA QUE RESPALDÓ DESDE LOS INICIOS MISMOS DE LA FUNDACIÓN DE ESTE ARTE CONTEMPORÁNEO A ALICIA ALONSO (CUBA) / PRIMA BALLERINA ASSOLUTA Y DIRECTORA DEL BALLET NACIONAL DE CUBA.

El Homenaje de la CIINOE a Alicia Alonso, por su 92 cumpleaños, entre más incluye la publicación de la Trilogía de Poemas “Alicia Alonso: Genio de la humanidad / Humanidad que baila”, de F. Garzón Céspedes, en Ediciones COMOARTES, Los Cuadernos de las Gaviotas 90, Madrid/México D. F., Diciembre de 2012 (que se adjunta a este Boletín).

CIINOE / España, Madrid, Diciembre de 2012

PRESENTACIÓN DEL LIBRO DE ROGER SALAS EN LA LIBRERÍA “EL ARGONUATA” DE MADRID

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NOTA DE PRENSA

El pasado Lunes 17 de Diciembre tuvo lugar en la Librería El Argonauta de Madrid la presentación del libro de Roger Salas Más allá del escenario: el ballet “Muerte de Narciso” de Alicia Alonso. Organizado por la Editorial Cumbres. Esta presentación contó con la presencia de Mayda Bustamante, directora de la Editorial y especialista en danza, Pedro Simón, director del Museo Nacional de la Danza de Cuba, Liuba Cid, directora teatral y dramaturga, y Roger Salas,crítico de Danza de EL PAIS, diseñador y autor del libro.

Durante casi dos horas, los intervinientes charlaron con el público asistente que colmó con creces la sala, entre las que se encontraban diversas personalidades de la danza, la música y las artes escénicas de España, Italia, Argentina y Cuba. Entre ellas caben destacar: la directora de Orquesta Elena Herrera, el coreógrafo italiano Gabriel Rossi, el chelista Luis Felipe, la viola María Teresa Gómez Lozano, la actriz María Paz Ballesteros, los actores Eduardo Sánchez Torell, y Ramon Ramos, los cantantes líricos Xiomara y Jorge Noriega,  y los escritores Alberto Lauro e Ivette Fuentes, entre otros.

Salas, en su intervención, destacó la originalidad y trascendencia del mito del Narciso en el arte, y su implantación en la coreografía del s.XX.

La genialidad creativa de Alicia Alonso y la complejidad técnica de su labor como coreógrafa en la recreación del mito en su obra Muerte de Narciso, fue unos de los temas comentados por Pedro Simón.

La Editorial Cumbres y sus cuadernos Terpsícore, sello editorial que dirige Mayda Bustamante, apuestan por una línea clara de investigación y por la necesidad de atraer, no sólo al público especializado, sino a todos los amantes de las artes escénicas y el arte en general. Liuba Cid, que presentó laobra de Roger Salas, destacó la importancia de un libro de estas características, no sólo por su atractivo literario, sino también por las ilustraciones fotográficas de la época de la propia Alicia Alonso y una selección de obras históricas relacionadas con los mitos griegos en el ballet, como es el caso de “Apolo”, “Medea”, “Electra” o “Edipo Rey”; además de la cuidadosa selección de poemas dedicados al mito de Narciso.

Esta es la cuarta presentación del libro de Roger Salas. La primera tuvo lugar en los Teatros del Canal enSeptiembre de 2012, la segunda, en el Cafetín Croché de San Lorenzo de El Escorial, en colaboración con la librería Arias Montano, y la tercera en el Centro Cultural Ruso de la Embajada de Rusia en Roma. Tanto a esta presentación, como en la primera de ellas en los Teatros del Canal, asistió la bailarina y coreógrafa Dña. Alicia Alonso.

El libro se encuentra a la venta en las librerías más importantes de Madrid, así como en las tiendas online Amazon e Iberlibro. El sello distribuidor corresponde a Egartorre Libros.

“ROGER SALAS UN ENSAYO PARA UN BALLET” por EDUARDO JAUDENES

ROGER SALAS UN ENSAYO PARA UN BALLET

Diario News por EDUARDO JAUDENES.

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 ROGER SALAS Un ensayo para un ballet  es un libro de adquisición obligada para todos los amantes de la danza. Impecablemente editado por Mayda Bustamante.

La pieza “Muerte de Narciso” con coreografía de Alicia Alonso e inspirada por el poema homónimo de José Lezama Lima fue estrenada en 2010 en La Habana. Dos años después, con ocasión del Festival Internacional de Ballet de La Habana, la obra se repone este otoño de 2012 en la capital cubana con nuevos diseños y un nuevo intérprete. Este argumento es el utilizado por el escritor y crítico de danza Roger Salas para profundizar en el mito de Narciso y su implantación en la coreografía del siglo XX, partiendo de la creación de Mijail Fokin de 1913 que bailara Vaslav Nijinski con los Ballets Rusos de Daghilev, hasta llegar a la obra de Alonso, realizada sobre una partitura escogida del catálogo sinfónico del músico asturiano Julián Orbón.

El ensayo “Mas allá del ballet…” se edita como primer número de la colección de estudios de danza y ballet de los Cuadernos Terpsícore, una iniciativa editorial inédita en el panorama de la cultura española de las Artes Escénicas.

El análisis de Salas abarca desde las raíces coréuticas hasta las simbólicas, literarias y mitológicas, dando énfasis a las sutiles sugerencias que la mítica artista cubana ha colocado en la pieza coreográfica y que sugieren su poso memorial y su experiencia al lado de grandes bailarines del siglo XX; algunos de ellos fueron sus parejas escénicas, como Igor Youskevich, Vladimir Vsssiliev o Jorge Esquivel.

El cuaderno aparece cuidadosamente ilustrado con fotografías de época de la propia Alicia Alonso y una selección de obras históricas relacionadas con los mitos griegos en el ballet, como es el caso de “Apolo”, “Medea”, “Electra” o “Edipo Rey”. Como apéndice, Salas ha enriquecido literariamente la entrega con una breve antología de obras poéticas en torno a Narciso, encabezándola un fragmento del largo poema de Lezama Lima y al que siguen versos del Siglo de Oro español; un soneto de William Shakespeare, y obras líricas de Manuel Altolaguirre y Federico García Lorca, entre otros.

 

Eusebio Leal Spengler: “Soy un hijo de mi tiempo”

Eusebio Leal Spengler: “Soy un hijo de mi tiempo”

Palabras de Eusebio Leal Spengler en el espacio El Autor y Su Obra, dedicado a su creación historiográfica y literaria, tras las intervenciones de la Dra. Aracely García-Carranza, la Dra. María del Carmen Barcia y el Dr. Eduardo Torres-Cuevas, el miércoles 21 de noviembre de 2012, frente al Museo de la Ciudad, antes Palacio de los Capitanes Generales.

 Foto: Alexis Rodríguez
Foto: Alexis Rodríguez

Me habría encantado poder disfrutar de la vanidad; debe ser algo delicioso sentir una gran egolatría, verse en el espejo con una gran conformidad con uno mismo, pensar como el personaje de Manuel Mujica Lainez, en Bomarzo, que es inmortal, y solamente disfrutar hasta el momento en que se revela el misterio de lo efímero. Pero no puedo disfrutar de eso.

Cuando los escuchaba a ellos, mis amigos, pensaba informarme muy bien de ahora en lo adelante, cuando se trate de organizar actos similares, para evitarlos, no porque rechace yo el cariño, es más, diría hoy que lo necesito. Se trata quizás de una confabulación de los amigos, que han venido a reunirse como un escudo protector y de manera pública, cuando quizás en algún serpentario se trata de lanzar una paloma para goce y disfrute.

Lo que ocurre es que “hace muchos años volé de aquí a otra esfera, y no podrán alcanzarme.” Esas palabras las leo siempre porque están escritas en un aeropuerto en Europa, donde mi amigo Oswaldo Guayasamín realizó un espléndido mural en que muestra el sacrificio de Rumiñahui, el gran héroe ecuatoriano de aquellos años de gesta, de resistencia y lucha: “No les alcanzará la cuerda para atarnos.” Y efectivamente, no les va a alcanzar la cuerda, porque podría regresar al estado natural y primigenio que Eduardo (Torres-Cuevas) —y empezaré por él— ha evocado.

Nunca uno debe olvidar sus orígenes; los orígenes son muy importantes. Mi origen está en mi ciudad, está en mi madre, Silvia Spengler, en lo que aprendí de ella; está en la memoria de los que me quisieron, de mi familia, y está en su terca voluntad: “Estudia, para que no pases lo que yo pasé.”

Me alegra pensar que en el libro Fiñes describo, con gozo más que con pena, que los niños de la casa del doctor a la cual mi mamá iba a limpiar durante el período de vacaciones, fueron clementes y buenos conmigo, de tal manera que no vacilaron en enseñar al pequeño Sana —como me decían— qué había detrás del “chiforrover”, extraño nombre para un escaparatico que estaba en el cuarto de los niños, colocado en la esquina, y detrás de esa esquina se formaba una especie de pequeño cuarto que poseía lo más precioso: un león de cartón, un arco, una flecha y otros juguetes.

Pero un día descubrí que los niños reservaban un tesoro más importante: había un cuarto donde existía una biblioteca infantil. Y allí estaban los maravillosos tomitos que disfruté leyendo sobre el frío del suelo, antes de ir a la biblioteca pública de la Sociedad Económica de Amigos del País, no sin antes pasar por el misterioso portón, cubierto por el florido jazmín de cinco hojas, en la casa de Alfredo Hornedo, a quien esperábamos todas las tardes los fiñes para pedirle aquella especie de tributo que el que fue pobre alguna vez quería dar a los niños del barrio. Se abría el portón, pasaba aquel hombre de tez trigueña y pelo blanco, traje gris listado, y nos iba entregando los medios (cinco centavos) republicanos, envueltos en un paquetico que todavía recuerdo.

Esas son memorias importantes, porque es lo que queda en nosotros, cuando se olvida, lo que una vez se leyó en los libros.

Después, necesariamente, me voy a María del Carmen Barcia, quien evoca el momento de mi arribo a la Universidad. Fue un proceso, porque el que llegaba era hijo de una época a la cual la Revolución dio la sorpresa de su triunfo, y al mismo tiempo el enorme derrumbe, como el de una catedral en un terremoto, de la sociedad para la cual fieramente nos preparábamos para vivir, habitar en ella.

Recuerdo aquella época. Solía llegar un carruaje lustroso y al fondo del carro venía el coronel, con su sombrero blanco colocado, vestido elegantísimamente. Y llevaban al niño para presentarle a aquel alto caballero, y le hacía la pregunta: ¿Qué vas a hacer tú cuando seas grande?, que era una especie de lugar común. Ya tenía en su mano una moneda de un peso de plata para colocarla en el bolsillito del niño. Quizás se sintió sorprendido con una respuesta que no venía de mí, sino de la lectura de la vida del leñador Abraham Lincoln. Le respondí: “¿Yo?, Presidente de la República.” Subió el cristal y me dejó a correr mi suerte.

Y luego, a acompañar a Silvia a llevar las guayaberas blancas y las sayas plisadas a las casas de los doctores y los vecinos.

Por tanto, el colegio fue un camino difícil: hablaba mucho en clases, me levantaba con cualquier pretexto. Y la buena letra, que se hizo en el papel pautado, con la pluma de cabo y la tinta china, que las maestras Blanquita, o Silvia, o Isolina trataron de conservar para siempre, fue aniquilada con aquel juicio perenne de otra maestra que no quiero recordar: “¡Cállate!” Mil líneas, dos mil, tres mil, cuatro mil… hasta caer exhausto. Entonces la letra se hizo muy difícil: “No debo hablar en clase, no debo hablar en clases, no debo hablar en clases…” Todavía hoy quizás, si estoy insomne, puedo recordar el castigo.

Luego en la adultez, pienso en mi entrada a la Universidad. Allí fue muy importante el tribunal, porque recuerdo que el que lo presidía, en el lugar en el que fui citado, me dijo: “¿Qué buscas en la Universidad?” Y yo recordaba las frases rituales del bautismo: la fe te da la vida eterna. Y yo respondí: “Busco la sabiduría.”

Y aquí en el público hay por lo menos tres que, como fui viejo a la Universidad, recuerdan mi comportamiento allí.

Recordaré siempre a la doctora Graciela Franchi-Alfaro, que me suspendió en Materialismo Histórico. Claro, yo me acerqué y le dije algo tremendo. Ella se preparó, con su perfil de águila, para rechazar cualquier reclamación a aquel suspenso. Y le dije: “No, doctora, yo no vengo a pedirle que me enmiende la nota; yo vengo a que me ayude a razonar las categorías. Mi formación es otra, yo nunca me he creído sujeto-objeto, sino sujeto.” Ella estaba muy sorprendida. Y me dijo: “No, yo lo voy a ayudar.” Después saqué 4. Y me alegró, porque ese era quizás el tope de la excelencia que se podía esperar de aquella “medievalista” que después fue mi amiga.

Es por eso que me alegra mucho que Carmen esté aquí. Recuerdo aquellos años en la Universidad con mucha gratitud, sobre todo los compañeros que estaban en el banco conmigo, que fueron una miríada. Después se fue disminuyendo a un pequeño contingente, entre los cuales estaban mi querido y siempre recordado Panchito Pérez Guzmán y Raida Mara Suárez, mi gran colaboradora, que hacía los resúmenes para mí cuando faltaba y que me permitió hacer mucho hasta hoy. Y desde luego, otros compañeros también que llegaban; algunas muchachas que estaban embarazadas iban a dar clases, y nosotros subíamos a estudiar de noche después de haber terminado una obra de construcción.

La misma que ustedes han evocado —Aracely y Carmen—, que era como eso que vemos ahora, el Palacio del Segundo Cabo, que está en obras; pero no existían grúas grandes ni medios algunos. Éramos de verdad en aquellos años, entre 1967 y 1979, solemnemente pobres para buscar dónde almorzar, a dónde ir. Y fueron los tiempos de esa carreta de dos ruedas que tú has evocado, que se conserva todavía, y que me vio con ella buscar piedras en el muelle para el vestíbulo del Palacio, o cargar aquel famoso mueble, desde el Ministerio de Comercio Interior, por la calle Empedrado, y que premió Alejo Carpentier con su comentario, que Lilia, que era mujer adusta y noble —a quien le debo mucho por su amistad y afecto—, me recordó un día, después de muchos años, y me alegró muchísimo saberlo. Porque en realidad traté poco a Alejo Carpentier, menos de lo que habría deseado; pero sí mucho a Lilia.

Sin embargo, en medio de esta historia está el año 1959, el mes de agosto. Recuerdo llegar a este lugar, y después ser remitido a la oficina de Emilio Roig de Leuchsenring, en la Plaza de la Catedral. Ni él ni yo sabíamos entonces el destino inmediato.

Allí encontré a María y a Gladys Monteagudo, su joven secretaria —a quien deseo hoy una recuperación posible en su salud—, que tanto me ayudaron. Y sobre todo, el carácter de Emilito que, ya enfermo y debilitado por el trabajo de los años, estaba perdiendo sus facultades para poder hablar. Él sí fue un gran orador de barricada, un temible contendiente de múltiples batallas, un escritor apasionado y tranquilo, que tenía sobre mí una ventaja —es lo único que podría usar como evocación de algo de él que desgraciadamente no tengo—: no asistía a reuniones, no tenía que ir a nada; terminaba a la una de la tarde su trabajo, salía caminando hasta su casa en la calle Tejadillo, y se ponía a estudiar y a escribir sus trabajos para Carteles o los libros que revisaba.

Allí, sobre su mesa, lo conocí con María, su fiel compañera y amanuense, incomprendida mujer en aquel entonces, que se había unido a un hombre que le llevaba 36 años de edad, al cual se dedicó con amor romano, y del cual cuidaba. Y fue la que se atravesó en mi camino: “¿Para qué quiere ver usted al Historiador?”

María sería mi gran amiga durante largos años. Sus restos los deposité personalmente, junto a los de él, en el Jardín de San Francisco. Esos nombres no me sirvieron como escalinata para ascender. No hay un solo momento de mi vida en que no le agradezca a él por su obra, por su plenitud de vida, por su vocación tan cubana, tan martiana, tan antiimperialista, tan resuelta a dedicarse a una cuestión mayor, que es Cuba.

Y escuchando a Aracely, a Eduardo y a María, pensaba yo que lo más importante es Cuba. Y como lo dije recientemente: todo cuanto he hecho se encamina hacia ese objetivo mayor que es, a mi juicio, lo más importante.

Este es un país de grandes olvidos, es un país en el cual se requieren sacerdotes cultores de los templos porque, de lo contrario, pronto se quedan desiertos. ¿Quién se acuerda de Enrique Gay Calvó, quién se acuerda con más fuerza que la habitual de aquellos hombres que conocí aquí en la oficina de Emilito, a Pedro Cañas Abril, a Sara Isalgué, a Salvador Massip, por ejemplo, o aquellos otros historiadores, que ahora son a veces referencias.

Tú mencionaste a la doctora Hortensia Pichardo. Yo iba a visitarla a su casa en Juan Bruno Zayas, cuando ya ninguna lupa le era útil, cuando sus ojos azules se habrían quedado ya sin vida. En cuanto entraba yo en el salón, ella decía: “¿Es Leal?” Llegamos a tener una gran afinidad. ¿Quién recuerda a su esposo, Fernando Portuondo, un hombre tan bueno y generoso, un maestro de escuela como ella?

A veces nos damos cuenta de que es necesario —y quizás ha sido la razón del trabajo— buscar la memoria de los cubanos, y hablar, como se decía recientemente, y creo que lo decías tú, Eduardo, lo recordabas hace unos días, evocando a Luz y Caballero: “El que tenga al maestro tendrá a Cuba.” La importancia de la escuela en que tanto ha insistido Graziella Pogollotti, la importancia de la educación, de luchar contra toda forma memorística, de buscar la escuela creativa, que considera la emergencia como una circunstancia pasajera, que obliga a la búsqueda de la vocación. Lo que me llevó a este trabajo en definitiva fue la vocación. Fue muy difícil porque —como decía antes—, cuando se enciende una luz, inmediatamente las sombras se apartan, pero un poco más allá continúan.

He perdonado a todos los que de una forma terrible, en aquellos primeros años, se opusieron o no comprendieron.

Cuando se cerró el féretro de Emilito, en 1964, alguien le dijo a María: “Todo ha terminado, tú vas para tu casa ahora porque esto tomará otro camino.”

Fue muy difícil reunir su colección facticia, la que Aracely recordaba; fue muy difícil recoger los libros de su biblioteca “Francisco González del Valle”, nadie sabe quién fue prácticamente aquel gran amigo y hombre de la cultura cubana.

Tuvimos la satisfacción de encontrar personas buenas, cuando nada se vendía, sino todo era un dono. Vinieron los nobles, en tránsito de partir, a entregar un cuadro antes que cerraran la casa, para que fuese directo al Museo, o aquella persona que entregó sus papeles, o la emoción con que “Clara del Claro Valle” (pseudónimo que utilizaba José de la Luz León), dejó aquel sobre, después de nuestras largas conversaciones en que nunca me dijo que tenía el diario de Céspedes, ni las cartas calumniosas contra Ana de Quesada, escritas por cierto por algunos hombres ilustres. El sobre decía: “Estos papeles son de mi Patria” y una petición que no pude cumplir: “Diga usted a Jorge Enrique Mendoza que, por favor, publique una nota en el periódico diciendo que José de la Luz León ha muerto en su Patria.” El concepto de Patria estaba por encima, era lo más importante para él.

Una viejita, que llegó a la barbería de Gilberto, cuando ya comenzaba a ser asediado por personas que me detenían, como ahora, en las esquinas, entró y le dijo: “¿Leal está aquí?” Y yo me levanté un poco molesto, porque ya ni allí me dejaban tranquilo. Y acudí. Y entonces la señora me dijo: “No, no, yo no vengo a nada; yo vengo a entregarle esta cajita. Son recibos que voy a quemar y cosas de familia que pensé que a usted le podrían ser útiles.”

Venían dentro unos recibos de una tienda en La Habana Vieja, con un grabado que me permitió restaurar La Marquesita, y otro recibo de otra tienda más. Y finalmente, al final, había una carta doblada. Esa carta, dirigida a José Dolores Poyo, y que José Luciano Franco abrió con emoción, decía: “No hay uno solo de nuestros viejos compañeros de armas que no sueñe en los días de gloria que darán a su Patria al desenvainar su espada junto al vencedor de Las Guásimas y de El Naranjo.” Y poco después decía: “Quien intente apropiarse de Cuba, recogerá el polvo de su suelo…” Me sentí aterrorizado.

Nunca más volví a ver a la anciana; pero me di cuenta de que no podía salir como una fiera, ni responder así a aquel que viene, sino que debía tener paciencia y mirar con amor a todo el mundo, porque cualquiera era importante, cualquiera podía traer la rosa más preciosa, el diamante —hablo metafóricamente— más apreciado.

Quise conocer a don Fernando Ortiz, quise llegar a las ruinas del Ateneo de La Habana para saludar a José María Chacón y Calvo; quise hablar con Gay Calvó con su voz queda, historiador de las banderas, de los símbolos nacionales; aquel maestro grande, con los más altos títulos de la masonería cubana. Él mismo era un misterio, era un símbolo del supremo grado 33. Conversar con todos y cada uno de ellos.

También aprendí la necesidad de diferenciar en cada caso. Sabía que debía tratar con respeto y con diferencia a las personas; que ofendería a Dulce María Loynaz si le llamaba compañera, al mismo tiempo que ella le respondía a Ana Viñas, cuando le preguntó: “¿Y usted por qué razón no se ha ido de Cuba?”, aquella respuesta tajante: “Porque soy la hija del General del Ejército Libertador que escribió el Himno Invasor.”

Aprendí todas esas cosas, que me permitieron ser flexible y ser uno más en la multitud de mi país, de mi Patria.

No guardo rencor al pasado; al contrario, he creído en la necesidad de ir al futuro desde el pasado. Sí tengo mucho cuidado en separar, como hombre de la historia, lo perecedero y caduco de lo perdurable y eterno.

He creído siempre que hay que entrar en la historia sin sombrero; porque, como he conocido a los grandes héroes contemporáneos, me imagino, en tan poco espacio de tiempo, cómo fue la vida, cómo fueron las confrontaciones, las dificultades y hasta los errores de los grandes hombres de la Historia.

No he creído en la infalibilidad de los hombres ilustres. Creo que se le hace un pésimo favor a la sociedad y a la historia cuando se les considera infalibles. Creo que fue un acto demencial de Pío IX proclamarse infalible, cuando estaba a punto de concluir el Concilio Vaticano I. Nadie sobre la tierra lo es. Por eso escribí, en el prólogo o ensayo que precede al Diario perdido de Carlos Manuel de Céspedes, que las figuras más grandes —las que más luz perciben— son las que más grandes sombras proyectan, pero que solamente puede entrar en las sombras el que ha visto la luz; de lo contrario, que ni entre, porque será siempre un profano, o más bien un profanador.

Soy un hijo de mi tiempo, con todos los defectos personales que he tenido. Todavía recuerdo el rigor con que debí aprender la ortografía castellana; todavía siento todas las ausencias que la buena educación, por el tiempo requerido, obliga a los más jóvenes a estar subvencionados en la Universidad, o en la escuela, desde la Primaria hasta la más alta.

No me avergüenza decir que soy, fui y seré un autodidacta, a quien simple y sencillamente le tocó vender café a domicilio, con gran elocuencia ejercitada para vencer la resistencia de mis iguales, las sirvientas de las casas señoriles, que decían: “La señora no está, aquí no compramos nada”, etcétera.

Fui vendedor de pollos. Y recuerdo que, muchos años después, llegó un anciano al núcleo del Partido Comunista en el Palacio de los Capitanes Generales —no voy a mencionar el nombre—, pero resultó ser el dueño de la pollería, que me explotaba, que ahora estaba transformado, gracias a esa capacidad de regeneración que tenemos los seres humanos.

Trabajé en el Hospital Calixto García como mensajero de una farmacia. Allí aprendí el dolor infinito de los que no podían comprar medicinas.

Fui un hombre de fe, y lo soy; nunca me avergoncé de ello. Pienso que me sirvió no tanto para tener confianza en una vida venidera cuando ésta ya casi se acaba, sino me sirvió para defender la libertad de creer o no creer de cada persona.

He sido un defensor, en nombre de mi humilde cubanía, de la singularidad dentro de la igualdad. Y he creído en la unidad como el resultado de una suma de individualidades. El pueblo hace la historia, pero es una suma de individuos. El pueblo en sí, como tal, no piensa; pensamos todos.

Creo también que esta obra no es mía. A fines del año pasado, y previendo lo inexorable, decidí hacer un listado, para que nadie lo olvide, de todos mis compañeros y colaboradores que ya no están, encabezado por Emilito, María, Victoria, mi portero Gabriel, mi carpintero Luis; pero mi secretaria se equivocó y, después que vio el listado, me dijo: “Bueno, pero tiene que darnos usted la dirección para poderles remitir la carta que usted quiere.” Y digo: “No, esa carta ya no podré enviarla, esa carta está en un buzón invisible y les pertenece a ellos, les pertenece solamente a ellos.”

Puede el pintor hacer una obra magistral ante un lienzo vacío, puede el poeta escribir un verso, o puede un gran literato escribir una obra maravillosa; pero para hacer lo que yo he tratado de hacer, o en lo que me he aplicado, hacen falta muchas personas, y hace falta también una época.

A mí me tocó una época. Emilito no pudo salvar el hospital de Paula, a duras penas salvó el templo de Paula frente a la geofagia de la empresa que se iba a proponer ampliar el tranvía eléctrico de La Habana; Emilito no pudo impedir, ni sus compañeros, la demolición de los grandes muros de la cárcel; solamente quedó un fragmento de la pared donde fueron ejecutados dos de los estudiantes de medicina en 1871; solamente Emilito y Gonzalo de Quesada lograron enfrentarse y conservar los peñones de la Fragua Martiana, que iban a caer bajo la especulación inmobiliaria. Y Gonzalito, a quien conocí también, con su capacidad irónica inconcebible, me explicó la historia verdadera de cómo se salvó aquel templo para el conocimiento de Martí.

Agradezco mucho a las personas que están en este público; les agradezco por el día, por la hora y por el momento; les agradezco porque todo tiene su tiempo y su momento. Y como decía al comienzo, y ya termino, no he podido disfrutar de eso que algunos gozan, que es de la vanidad.

Quiero agradecer también al gran hombre de esta época, el cual creyó en mi palabra y en mi trabajo después de Emilito: a Fidel. Sería de una cobardía y una mezquindad imperdonables que ahora, que está anciano como Sócrates, junto a la roca de pensar y lejos ya de la vida pública, no agradecerle por su confianza y por las veces que estuve junto a él y aprendí y escuché de su palabra como dirigente político, como hombre también, como ser humano en todas sus facetas.

Más que comunista, fui fidelista, y lo soy. Estoy como confesándome ante la historia. ¿Por qué? Porque era yo absolutamente el más impreparado. De tal manera que la noche de aquel Congreso en Santiago de Cuba, bajo el barrunto de que vendría la hecatombe terrible, en medio de una lluvia que hizo temblar a los que estábamos para salir ante el público que aguardaba allí, a pie firme, la salida de los que habían sido nominados como miembros del Comité Central y electos por los comunistas, resultó que él fue saludando a los distintos recién llegados. A Abel Prieto —lo recuerdo—, lo fue a saludar: “¿Cómo estás, cómo te sientes?” Y fue a mí: “¿Cómo te sientes tú?” Y le dije: “Bien, sabía que llegaría a Obispo por la Iglesia o por el Partido.”

Y, bueno, heme aquí; no soy el mejor, pero creo ser el más original. ¿Que me visto de gris? Bueno, le diré a Eduardo la verdad: en aquella época era el uniforme no de los que combaten ahora a un mosquito que espantaría a Finlay por su capacidad de hacer estragos masivos en la sociedad cubana1, cuando ya se creía dominado para siempre —el cantor de Egipto ha regresado; ese no es el tema; el tema es que era el traje de los médicos que iban al campo y era el traje de los cortadores de caña. Y como ésta fue una obra de construcción que duró tanto tiempo, pues entonces me vestí para siempre con la ropa de los trabajadores. Pero no me dieron trabajadores para adelantar las obras del Palacio de los Capitanes Generales; me traían presos. Y los presos venían, y cuando entraban aquí al Palacio y los recogían por la tarde, se quedaban conmigo. Primero venían estos hombres a regañadientes, porque se trataba de algo que no conocían; después los enamoré con la fantasía de una arqueología que para ellos resultaba maravillosa: se buscaban túneles y subterráneos en que en cierta medida aparecieron.

Entonces me vestía como ellos, y ellos empezaron a tratarme con mucha tranquilidad, con mucha amabilidad. Y algunos me dijeron: “El día que terminemos de cumplir nuestras condenas nos iremos a trabajar con usted. ¿Nos aceptaría?” “Claro que sí” les dije. Y un día volvieron algunos de ellos, algunos están todavía, y me acompañan con mucha lealtad. La única diferencia entre ellos y yo es que ahora el uniforme lo uso yo. No soy un preso en uniforme; solo me siento prisionero de mi ciudad y de la obra. Quise hacer, como dijo Simón Rodríguez, un paraíso para todos, y en cierta medida construí un infierno para mí.

Alguien dijo —creo que fue Aracely— que también fui empresario. Bueno, en realidad es lo que más dolores de cabeza me ha causado. Porque lo peor que le puede pasar a un intelectual es que le den tareas administrativas. La única ventaja que he tenido es que puedo decidir las cosas.

Aprendí en la Iglesia maravillosa de Milán, Santa María de la Gracia, donde está salvada de un bombardeo La última cena, de Leonardo Da Vinci —ante el cuadro maravilloso—, que en la última cena estaba también Judas, aunque, como un acontecimiento providencial, tendría que preguntarse hoy el filósofo, casi al borde del agnosticismo: si Dios está en todas partes, ¿por qué permitió aquella traición?

Muchas gracias

(1) Se refiere al mosquito Aedes aegypti, una especie de mosquito culícido portador del virus del dengue y de la fiebre amarilla.

Luca Giaccio, fiel heredero napolitano de lo mejor de la “escuela italiana de ballet”

Luca Giaccio, fiel heredero napolitano de lo mejor de la “escuela italiana de ballet”

giaccio“Todo se lo debo a ‘la escuela italiana”. Alicia Alonso, en conversación informal con Anna Razzi y Roger Salas, el 11 de septiembre del 2012, en Positano, Italia.

Nápoles, esa ciudad de belleza robusta, cálida y lujuriosa —casi pagana—, de la que me enamoré cuando la visité en abril de este año, es la patria chica del bailarín Luca Giaccio, que lo vio nacer el 22 de marzo de 1989 — no por casualidad sino por “causalidad” —, para ser el heredero de lo mejor de la “escuela italiana de ballet”. Aceptada sin remilgos ni dudas su innata vocación para la danza, Luca cursó sus estudios secundarios y preuniversitarios en la Escuela de Arte de Pozzuoli y luego asistió a la escuela del Teatro Real di San Carlo — la más antigua de Italia; este año cumple 200 años—, bajo la dirección de Anna Razzi, donde complementó sus estudios con una beca del Cannes Jeune Ballet, de Monique Loudières (2004), y en la Academia Princesa Grace de Mónaco, y se graduó en el 2007. Al día siguiente de su graduación entró a formar parte del Teatro de la Ópera de Roma, dirigido por Carla Fracci.
En julio del 2007 su foto apareció en la portada de Danse Magazine, publicada en París.
En el 2008 fue elegido por Ángel Corella para incorporarse a la Compañía de Ballet Clásico de Castilla y León.
Luego formó parte del Ballet de Víctor Ullate -Comunidad de Madrid, con el cual se destacó, entre otros, en el papel de Franz en la Coppelia que se presentó en El Escorial el 4 de enero del 2011, así como en la celebración en el Santuario de La Fuencisla de la fiesta de la Inmaculada, a inicios de diciembre del 2010, donde interpretó varias piezas de danza en el presbiterio del templo dedicadas a la patrona de Segovia.
Hasta hace poco bailarín de la compañía de Víctor Ullate ya mencionada, ahora se encuentra destacado en la Ópera de Roma, bajo la dirección de la gran bailarina Carla Fracci.
Ha recibido varios premios, entre ellos el Premio Positano para las Artes del Ballet, en el año 2006; el Premio al Talento Emergente, por su papel protagónico en el ballet La bella durmiente, con coreografía de Rudolf Nureyev ; una mención a la mejor interpretación en Chaikovski Pas de Deux, en el año 2009, y el Premio Positano otorgado por el prestigioso crítico italiano de ballet clásico, Alberto
Testa. También recibió una crítica sobresaliente de parte del periodista y director de Danse Magazine, Michel Odin.
Ha actuado en París, Londres, Roma, Milán, Florencia, Nueva York, Los Ángeles y México, entre otras importantes plazas mundiales, y participó en el Festival Internacional de Ballet de La Habana, que se celebró entre el 28 de octubre y el 11 de noviembre del 2012, donde interpretara el ballet Muerte de Narciso, coreografiado por Alicia Alonso, la prima ballerina assoluta cubana.
“Tuve dos profesores muy buenos: una rusa, llamada Alexandra Fedórova, y un italiano, Enrico Zanfretta. De la cintura para abajo, pienso que el italiano; de la cintura para arriba, la rusa” — contestaría Alicia una pregunta sobre las mayores influencias de su carrera, pero ahora, en conversación informal con Anna Razzi y Roger Salas, en Positano, durante la gala del Premio Positano/ Leónide, celebrada el pasado 11 de septiembre, les manifestó que “Todo se lo debo a ‘la escuela italiana”’.
Precisamente Luca, a quien considero fiel heredero de esa escuela, fue el bailarín escogido por Anna Razzi, directora del Escuela de Ballet del Teatro San Carlo de Nápoles donde Luca estudió, para representarla en dicha gala —donde Razzi fue también premiada—, y el premio a la carrera recayó en Alicia Alonso, de 92 años, la mítica artista cubana considerada un mito viviente de la danza, quien en el mismo acto recibió la Medalla de Oro de Roma, que le había concedido dos días antes el alcalde la capital italiana, Gianni Alemanno.
Luca hizo La muerte del cisne, de Michel Descombey, pieza que fue también una de las escogidas por él para presentarse en el XVII Festival Internacional de Ballet de Miami, celebrado del 25 de agosto al 16 de septiembre del 2012, bajo la dirección del incansable maitre Pedro Pablo Peña, donde tuve la oportunidad de verlo brillar y de entrevistarlo para conocer un poco más de su vida y de su carrera.

Luca, cuando tan joven decidiste estudiar ballet, ¿estabas consciente de la enorme responsabilidad que te echabas sobre tus hombros, al hacerlo nada menos que en Nápoles, con una escuela de tanta historia y prestigio mundial?

Empecé con la gimnasia a los 4 años, pues mi madre era entrenadora de un equipo italiano. Luego, a los 8 años, hice el concurso de entrada en la Escuela del Teatro San Carlo de Nápoles y me seleccionaron. Cuando uno es niño no entiende de este tipo de responsabilidades, pero sí es importante lo que inculcan los maestros, sobre todo el respeto por los mayores y la tradición.

¿Sufriste cuestionamientos y rechazos por parte de tu familia y amigos por tu decisión de estudiar ballet?

De parte de mi familia no, en lo absoluto; tuve los problemas normales con mis amigos (compañeros de colegio) cuando era más pequeño, pero se resolvieron. A la hora de crecer y madurar, esos chicos de los problemas cambiaron de opinión.

Tengo entendido que existe una cierta rivalidad entre Nápoles y Roma en cuanto a la primacía en el ballet clásico, ¿hubieras preferido quedarte en tu ciudad en vez de ir a Roma si en Nápoles hubiera una compañía de tanta importancia como la de la Ópera de Roma?

No hay rivalidad alguna. De hecho, algunos egresados de Roma van a Nápoles y del conservatorio de Nápoles a Roma. Es lo normal y siempre ha pasado. Nápoles, como Roma, es un Ente Lírico y tiene también su compañía de repertorio. Quedarse en Nápoles no tendría sentido más que por mi familia, pues el futuro profesional del bailarín está donde esté el trabajo.

¿Cómo fue trabajar bajo las órdenes de Carla Fracci en el 2007, recién graduado?; ¿por qué te fuiste en el 2008 para el Ballet Clásico de Castilla y León, con Angel Corella?, y ahora que regresaste a Roma, ¿cuál es la razón y la diferencia con el 2007?

Con la Sra. Fracci fue estupendo. Ella me llamó al graduarme con 18 años; luego vino para mí la etapa en el Ballet de Ángel Corella; ahora estoy de nuevo en el Ballet de la Ópera de Roma (que ahora dirige Misha Van Hoecke). En medio, estuve un año en la compañía de Víctor Ullate en Madrid, donde el trabajo también fue muy productivo. Ullate es un maestro estupendo con el que siempre se aprenden cosas.

¿Cuáles son tus roles preferidos?

Estoy recuperando el pas de deux Sylvia (Balanchine), que ya he bailado en el Festival Internacional de Ballet de La Habana con la primera bailarina del BNC Sadaise Arencibia, y que fue la pieza con la que me gradué. Al mismo tiempo, estudio el Albrecht de Giselle y otros roles individuales que me permiten expresarme artísticamente, como es el caso de La muerte de un cisne (de Michel Descombey) o Muerte de Narciso (de Alicia Alonso), donde no solo está el lucimiento de la técnica sino lo profundo de la expresión, el querer decir algo que sea Arte.

¿Acostumbras a comprar dvds de danza?, ¿qué nombres te llaman más la atención a la hora de elegir?

Para mí el dvd de danza es un material de consulta y de trabajo, y soy de la opinión de que hay que verlos todos, de todas las escuelas y de todos los estilos. También los videos son útiles para memorizar la parte mecánica de las coreografías, pero debo aclarar que yo soy de los que pienso que nada sustituye al ensayador con experiencia, que es quien te da el estilo.

¿Cuál es el premio que has recibido con mayor emoción?

En 2006 recibí el Premio Positano, y eso fue inolvidable. Pero creo también que los premios son solamente un estímulo para mantenerse en forma y mejorar. Los premios se ponen en una repisa y ahí se quedan.

Cuéntame cómo se concertó esa participación tuya como intérprete de Muerte de Narciso, con coreografía nada menos que de la mítica Alicia Alonso, en el pasado Festival Internacional de Ballet de La Habana del 2012.

Todo vino de una manera muy natural. Ellos en Cuba buscaban un biotipo específico para el rol de Narciso, y al parecer, yo lo cumplía. Esta ha sido y es una oportunidad excepcional en la carrera de cualquier bailarín joven, y la verdad es que me llena de motivación para seguir mejorando. Sé que bailaré el Narciso muchas veces en mi carrera, y que es un papel lleno de posibilidades artísticas, además de muy difícil de bailar. Ya lo hice también después de La Habana en el Teatro San Carlo de Nápoles.

¿Qué te ha parecido el XVII Festival Internacional de Ballet de Miami, al que acudiste por primera vez?

Volveré encantado si me lo piden; la atmósfera es muy relajada y cordial, tanto entre los artistas como con la organización, que se ve que hacen un gran esfuerzo para hacer algo así. El público es excepcional y conocedor, y me doy cuenta de cuánto ha tenido que luchar Pedro Pablo Peña para fundar algo así en Miami, un tipo de festival que existe en muy pocos sitios. También pienso que el ballet y los festivales deben servir para unir a la gente de la profesión. En el mundo global de hoy sin ese intercambio no somos nada.

Para finalizar nuestra conversación, ¿cuáles consideras que han sido las influencias más importantes en tu formación como bailarín?

Seguramente la Sra. Anna Razzi, como la primera persona, y la escuela napolitana donde estudié. Razzi ha sido decisiva en mi posicionamiento y desarrollo personal, pero también quiero mencionar a Iride Sauri, que me ha ayudado mucho cuando estaba bajo de moral, o cansado, y ha sabido instruirme para sobrevivir en esta profesión con los métodos que usaba con sus propios hijos bailarines, desde los consejos profesionales hasta los humanos o al ungüento para los músculos. Sauri, junto a Razzi, me han completado, puedo decir.
Y en cuanto a modelo, puedo citar con seguridad a Paolo Bortoluzzi, un gran artista italiano que hacía igual de bien un clásico que una pieza moderna, y que mostraba una versatilidad extraordinaria en un papel romántico y al día siguiente en uno de Béjart. También veo la personalidad escénica de Nureyev como algo subyugante, pero muy personal. También he aprendido que el arte del ballet no puede ser nunca el arte de la imitación, sino de encontrar tu propia voz, con tus propios recursos, y eso es algo que lo da únicamente el trabajo. A veces veo chicos con mucho talento y condiciones que no trabajan lo suficiente ni rigurosamente todo lo que deberían; es ver cómo desperdician el talento con que han nacido, y eso no es justo. Mis maestros me han enseñado que la ética del ballet es el trabajo, y como dice un crítico amigo mío: “El espejo es tan útil como que puede ser también un enemigo”.

Baltasar Santiago Martín
Fundación APOGEO para el arte público
Miami, 2 de diciembre del 2012

UN FINAL CON BUENOS RESULTADOS de Reny Martínez

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Festival Internacional de Ballet de Cuba

UN FINAL CON BUENOS RESULTADOS

De Reny Martínez
Desde el 28 de octubre al 7 de noviembre en La Habana, se realizó una nueva edición del festival que lleva 50 de existencia. Con bailarines extranjeros de 27 países, se estrenaron ocho coreografías, tres de ellas, de Alicia Alonso, directora general del festival y del BNC.

Hacer un resumen panorámico valorativo de este mega festival de ballet, el más longevo del planeta con más de 50 años de existencia ininterrumpida, que transcurrió del 28 de octubre al 7 de noviembre en la capital cubana, es un verdadero reto para cualquier observador especializado.
Si mostramos la situación exhibida por el programa general de esta vigésima tercera edición del evento dancístico más importante y diverso del continente americano, podrán tener una percepción epidérmica de la labor titánica que realizamos cada día para cubrir todos los eventos, ya sea las representaciones desarrolladas en cuatro sedes principales, algunas distantes unas de otras y con espectáculos diarios tarde y noche en algunas de ellas.
Además de las presentaciones del Ballet Nacional de Cuba(BNC), las entregas por compañías foráneas llegaron a la cifra de diez, el número de bailarines extranjeros provenientes de 27 países de cuatro continentes alcanzó la cifra de 19. Se estrenaron mundialmente ocho coreografías (tres de ellas con autoría de la propia Alicia Alonso, directora general del festival y del BNC), igualmente fueron apreciadas 35 obras por primera vez en Cuba, también el número de coreógrafos invitados con los locales se equiparó a cuatro, el acompañamiento musical fue asegurado por tres orquestas sinfónicas y una de cámara, y bajo la batuta de 6 directores musicales, entre los cuales el insigne maestro australiano Richard Bonynge (invitado especial de la Alonso para conducir su desventurado estreno de una controvertida y experimental ópera-ballet “Acis y Galatea” de G. F. Haendel).

Clásicos y contemporáneos
Teniendo en cuenta el canon que primó para esta edición, a partir del lema escogido por Alicia Alonso: la tradición y los nuevos caminos, podemos aventurarnos a señalar que dos de las más notables producciones ofrecidas dentro del ámbito más clásico del género  fueron las de “Giselle´, con dos brillantes bailarines en los roles protagonistas, Anette Delgado y Dani Hernández – este último necesitado de un énfasis en los detalles histriónicos-,ambos apoyados por un cuerpo de baile femenino impecable en su desempeño, e igualmente lo fue la deslumbrante representación de “Coppélia”, con la virtuosa interpretación en el titular por la primera bailarina Viengsay Valdés, con una de las revelaciones del festival, el joven solista Osiel Gounod, quien seguramente pronto conquistará todos los matices necesarios para una cabal interpretación dramática de Franz.

Galas
Por supuesto que hubo varias “funciones de gala” con el objetivo expreso de rendir merecido  tributo a grandes personalidades  de la literatura, la danza y las artes plásticas que celebraban sus centenarios,  lo cual permitió admirar un diverso muestrario de obras nuevas y en reposición,  mayoritariamente dormidas en el repertorio pasivo del BNC (nuevas generaciones en la audiencia las desconocían, y ahora las valoraban con nuevas generaciones de bailarines). Entre las novedades, las menos, exhibieron atisbos de ir “por los nuevos caminos” (las nuevas tendencias que dominan esta manifestación en el mundo fueron las menos).

En general, las programaciones fueron desiguales en valías, no obstante resaltó alguna “perla rara”, como por ejemplo el dúo “Double Bounce” (Doble rebote) de Peter Quanz; o el “Tango Tonto” de Jimmy Gamonet para el Ballet de Cámara de Puerto Rico; “Muerte de Narciso” de Alicia Alonso, con la interpretación del italiano Luca Giaccio; o la breve pieza “Memorias” del bailarín cubano Miguel Altunaga, espectacular solo creado para un bailarín excepcional y polémico como es Carlos Acosta (hasta último momento  fue anunciada su presentación), y el “Tributo al arte del fútbol”, una “non-danse” ejecutada con agresiva comicidad por tres atléticos bailarines y una chica, del grupo noruego del coreógrafo Jo Stromgen, quien logró introducir  una escena de desnudos cuando los jugadores-bailarines van a las duchas al final de la pieza (algo nunca visto en un festival de ballet habanero). También destacaríamos la versión coreográfica del francés Thierry Malandain del “Amor Brujo” de Manuel de Falla para su Biarritz Ballet, una deslumbrante producción por la fisicalidad de sus bailarines y el inteligente diseño de luces y vestuario, y la producción cubana del ballet “Luminous”, que el canadiense Peter Quanz creara originalmente para el Ballet de Hong Kong, una espléndida interpretación por ocho bailarines del cuerpo de baile del BNC basada en la estructura tipo  ”La Ronde”, con tintes románticos y musicalmente eficaz.
Dos de las mencionadas funciones de gala, siempre en el escenario de la Sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, que mostró mayor coherencia en cuanto a los niveles de las piezas elegidas, fueron las dedicadas al centenario del célebre partenaire de Alonso en los 50 y 60 del pasado siglo, el ucraniano Ygor Youskévitch (con la presencia de su hija María, y de su reemplazante, el argentino Rodolfo Rodríguez, después 46 años de ausencia de este país). Detalle a mencionar, fue la sorpresiva aparición de la nonagenaria Alonso, “bailando” en su pieza homenaje al gran músico cubano Ernesto Lecuona,  en su centenario, “Vals de las mariposas”, junto a otras notables figuras de la danza cubana actualmente dedicadas a labores pedagógicas. Sin duda,  quedará en los anales de la danza como un acontecimiento controvertido,  antológico e histórico demostrativo del coraje y la audacia que posee la eximia prima “ballerina assoluta” del Caribe.

Memoria
Las otras funciones de gala organizadas para los centenarios de los artistas René Portocarrero y Mariano Rodríguez, el mencionado Lecuona y el dramaturgo Virgilio Piñera, adolecieron de desigualdades, incluso en los desempeños interpretativos. En cambio, fue relevante la soberbia  entrega de la música de Mussorgsky para el ballet “Cuadros en una exposición” de la Alonso, por la Orquesta Sinfónica del Gran Teatro debido a la conducción experimentada de la maestra cubana Elena Herrera, quien se mantiene residente en el exterior invitada por varios teatros de ópera de Europa y de América del Sur. Estos programas resucitaron obras como el “Grand Pas de Quatre”(Pugni-Alonso), “Flora” (de Gustavo Herrera), “Tarde en la Siesta” (Lecuona-Alberto Méndez) , “Poema del fuego” (de Alberto Méndez y Scriabin, con una soberbia presencia de Javier Torres) y “Canto Vital” (Mahler-Plisétski), ahora bailados con nuevas generaciones de brillantes solistas. Aunque, para este cronista testigo de los parangones precedentes, no han superado los listones marcados por aquellos. Estas cuatro últimas obras necesitaban de la presencia de sus creadores, junto a los repositores del BNC, durante los ensayos.
Por otra parte, con el estreno de su  ”Contraconcierto”, Eduardo Blanco,  el más joven de los coreógrafos del BNC, decidió acometer una obra coral con los miembros masculinos más jóvenes y atléticos del cuerpo de baile , “jugando” con una sola bailarina en puntas , con el soporte de la maravillosa música del archiconocido concierto para piano y orquesta de Edward Grieg, procediendo a partir de una más seria concepción de la estructura musical y coreútica, al elegir un camino menos superficial exhibido en sus trabajos precedentes. Sin embargo, todavía adolece de una consistencia intelectual demostrativa del anhelado desarrollo hacia la madurez artística.

Seguimos, pues, en la espera de que aparezcan nuevos talentos locales en la creación de ballet que enriquezcan el repertorio del BNC, o que surja una posibilidad financiera que permita invitar a los más sobresalientes coreógrafos de la escena internacional a colmar las evidentes carencias en el repertorio de las compañías cubanas de ballet.
La tradición, del período más efervescente del siglo XX con la existencia de los Ballets Russes, estuvo bien representada, esta vez, con las reposiciones de “L´aprés midi d´un faune” de Nijinski, según la versión de Fokine, bien interpretada por el solista Alejandro Silva, bajo el cuidado de uno de sus excepcionales intérpretes, el italiano Toni Candeloro, e igualmente “El espectro de la rosa”, en un exultante debut  del solista Yanier Gómez (con la asesoría de María Youskétitch, primera obra que su padre bailó la noche fundacional del Ballet de Cuba, en 1948). Igualmente, “La fille mal gardée”, el ballet más antiguo en el repertorio del BNC, el cual lució una revisada producción, ejecutada con frescura y comicidad: ingredientes necesarios en la noche inaugural del festival.

De aquí y de allá
Nuevamente,  Alicia Alonso, en tanto que coreógrafa, nos sorprendió con una miniatura solística de audacias insospechadas, al utilizar como base literaria un poema olvidado y negado por su autor: Virgilio Piñera., como tributo a su centenerio.  Con “La destrucción del danzante” la Alonso se adentra en la metáfora plástica para evitar la traslación simplista del poema de este hiperbólico e irónico escritor cubano. Para ello eligió la desconstrucción y la fragmentación de las frases y encadenamientos de pasos del ballet para tal “destrucción”, y también supo elegir a un bailarín mulato de afinada y poderosa técnica con solo 22 años de edad, Osiel Gounod.
Entre las agrupaciones visitantes, como las francesas de Angeljn Preljocaj (con un memorable dúo femenino, “La Anunciación”, fragmento de una obra mayor) y de Thierry Malandain, otras lograron también conseguir el favor del público aficionado, como los conjuntos ad hoc aglutinados por el ex bailarín y  coreógrafo norteamericano Tom Gold, donde descollaron dos estelares solistas provenientes de la filas del New York City Ballet, Tiler Peck y Robert Fairchild, y el conjunto conformado por el bailarín cubano José Manuel Carreño, donde incluyó una constelación de bailarines miembros del ABT en su mayoría, provocando sonoras ovaciones en sus presentaciones sobre la escena del Teatro Mella, particularmente aquellos que desplegaron una alta dosis de técnica acrobática, sin caer en el mal gusto, con sus grandes saltos y múltiples giros, tales como el pequeño y elástico Daniel Ulbricht, de Paloma Herrera, Xiomara Reyes, Viengsay Valdés, Osiel Gounod, Carlos López, y así como el propio Carreño junto a su pareja Melanie Hamrick, por su elegancia y contención.

Españolísimo
La danza española se hizo sentir con fuerza en varios momentos, particularmente con las presentaciones de dos personalidades de gran poderío comunicativo, fuste y garbo como la consagrada Lola Greco y el  estelar joven Sergio Bernal. Igualmente lo fue  la cubana Irene Rodríguez, protagonista de plante e intensidad dramática en su premiada obra sobre la muerte de Federico García Lorca. Entre los clásicos, siempre en el teatro Karl Marx –el de mayor aforo de Cuba-, resultaron prometedores de un fulgurante ascenso los desempeños de Yanela Piñera,  Amaya Rodríguez  y  Gretel Morejon, aunque con carencias visibles en las aristas dramáticas.
No terminaré sin sugerir a los organizadores de futuras ediciones, no descuidar la curaduría (término utilizado en las muestras de las artes plásticas). Aplicando el método de la decantación con mayor exigencia, lo cual evitaría que lo mediocre apareciera en vecindad con los altos niveles artísticos. Así lograrían una mayor coherencia artística en los programas generales. Ciertos artistas, grupos o piezas pudieran ser presentados en eventos colaterales.